Preámbulo
Primera parte
Segunda parte
Tercera parte
Post scriptum
Los Apologistas
Los Apologistas (2)
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Mencionaré de pasada que tal vez la apología sobreviviente más primitiva, la de Aristides al emperador Antonino Pio, un trabajo corto y de poca importancia escrito en Siríaco alrededor del 140 depende claramente de algún recuento evangélico. Habla de Dios naciendo de una virgen, teniendo doce discípulos, siendo crucificado y enterrado y resucitando después de tres días. Esta apología viene de un entorno diferente, uno localizado en el área sirio-palestina (donde fueron escritos los Evangelios Sinópticos), por lo que no tiene nada que contar con respecto al Logos u otros conceptos filosóficos griegos.

 

He dejado para el final la más fascinante de todas las apologías, un documento que bien podría ser llamado "una pistola humeante". El pequeño tratado Octavio se escribió en Roma, o posiblemente en África del Norte, en latín. Toma la forma de un debate entre Cecilio, un pagano, y Octavio, un cristiano, presidido y narrado por el autor, Minucio Félix, por cuyo nombre se suele hacer referencia al tratado.

 

Ha habido un largo y alternado debate sobre cuándo se escribió Minucio Félix. Existe una relación literaria clara con la mucho más larga Apología de Tertuliano, escrita alrededor del año 200. ¿Pero quién copió a quién? Una buena regla general dice que el escritor posterior tiende a expandir y no a recortar drásticamente lo que escribió el escritor anterior, especialmente porque en este caso hubiera significado que Minucio Félix hubiera recortado muchos dogmas cristianos importantes y todas y cada una de las referencias al Jesús de los Evangelios - y esto, bien entrado el siglo tercero, cuando nadie más tenía reparos para hablar de dichos temas. Con este y otros argumentos en consideración, la datación temprana entre el 150 y el 160 es mucho más factible.

 

En este diálogo nunca se usan los nombres de Cristo y Jesús no obstante que la palabra "cristiano" aparezca a lo largo de todo el trabajo. Tampoco hay ninguna alusión al Hijo o al Logos. El cristianismo de Octavio se centra en la Unidad y Providencia de Dios y el rechazo de todas las deidades paganas, la resurrección del cuerpo y su futura recompensa o castigo. Considerando lo último, no se hace ninguna alusión a la propia resurrección de Jesús como prueba de la capacidad e intención de Dios de resucitar a los muertos. Ni siquiera en respuesta al reto: "¿En particular, qué individuo ha retornado de entre los muertos, en el cual podamos creer como un ejemplo?" Gran parte del argumento de Octavio se dedica a refutar las calumnias contra los cristianos que Cecilio enumera, representando la opinión pagana general: todo desde concupiscencia hasta canibalismo de infantes e incluso conspiración y esperanza de una destrucción mundial por fuego.

 

Pero aquí es donde se vuelve interesante. Porque ningún otro apologista excepto Justino había proclamado y tratado con una acusación particular que el escritor pone en la boca de Cecilio. La lista de calumnias en el capítulo 9 corre así (parcialmente parafraseadas):

 

"Esta abominable congregación debe ser erradicada... una religión de lujuria y fornicación. Reverencian la cabeza de un asno... incluso los genitales de sus sacerdotes... Y algunos dicen que los objetos de su adoración incluyen un hombre que sufrió la muerte de un criminal, al igual que la miserable madera de su cruz; estos están erigiendo altares para dicha gente depravada, y ellos adoran lo que merecen... También, durante las iniciaciones asesinan y desmiembran un infante y beben su sangre... en sus festines rituales se satisfacen en desvergonzada copulación."

 

Recuerde que este pasaje está siendo compuesto por un cristiano. (La frase en itálicas fue traducida plenamente.) Él ha incluido los elementos centrales y la figura de la fe cristiana, la persona y la crucifixión de Jesús, dentro de una letanía de ridículos y calumnias inimaginables levantada en contra de su religión - sin ninguna indicación, por su lenguaje o su tono, de que esta referencia a un hombre crucificado deba ser vista de alguna forma distinta que al resto de los tópicos: acusaciones difamatorias que necesitan ser refutadas. ¿Podría ser capaz un autor cristiano, que creía en un Jesús crucificado y su divinidad, ser realmente capaz de hacer esta forma de presentación?

 

En la mitad del debate de Octavio, procede finalmente a la refutación de estas calumnias. He aquí algunas de las demás cosas que dice a lo largo del texto.

 

Ridiculizando los mitos griegos acerca de las muertes de sus dioses, tales como Isis lamentándose sobre el desmembrado Osiris, dice: "¿No es absurdo lamentase por lo que ustedes adoran, o adorar lo que ustedes lamentan?" En otras palabras, está criticando a los griegos por lamentarse y adorar un dios que es asesinado. Posteriormente dice: "Los hombres que hayan muerto no se pueden convertir en dioses, porque un dios no puede morir; tampoco pueden (volverse dioses) los hombres que hayan nacido... Yo digo, ¿por qué no nacen hoy los dioses, si en alguna ocasión lo han hecho?" Entonces pasa a ridiculizar la totalidad de la idea de que los dioses se procreen ellos mismos, lo que incluiría la idea de un dios engendrando un hijo. En todas partes desdeña a aquellos que son lo suficientemente crédulos para creer en milagros ejecutados por dioses.

 

¿Cómo pudo un cristiano expresar tales argumentos de esa manera, sin hacer ninguna aclaración? Esto hubiera confundido refutado y confundido en su propia mente las creencias cristianas esenciales, y lo hubieran dejado expuesto al cargo de hipocresía. Una cosa es que un comentarista desconcertado afirme que los silencios de loa apologista se deben a un deseo de no desanimar o irritar a los paganos con tratados teológicos largos y complicados en temas en los cuales ellos tenían ya sus prejuicios en contra o que se debieran a que sus intenciones no eran proveer de una imagen detallada de la fe. Pero cuando un apologista se pronuncia con afirmaciones que contradicen absolutamente e incluso calumnian ideas que deberían estar en el mismísimo corazón de sus propias creencias y de su devoción personal, entonces, dichas explicaciones quedan totalmente desacreditadas.

 

¿Y cómo hace frente Minucio Félix a la acusación de que los cristianos adoran a un criminal crucificado y a su cruz? Como hizo en la diatriba de Cecilio, el autor inserta su respuesta en medio de su refutación de otras calumnias acerca de banquetes incestuosos y de adoraciones a los genitales de los sacerdotes. Aquí está la forma y el contexto en el cual trata con el cargo de adorar a un criminal crucificado, con los versículos siguientes:

 

  1. No deseamos escuchar estas y otras indecencias similares, es vergonzoso tener que defendernos de dichos cargos. La gente que vive una vida casta y virtuosa es difamada por ustedes con hechos que no consideramos posibles, excepto porque los vemos a ustedes mismos haciéndolos.

  2. Más aún (nam), cuando ustedes atribuyen a nuestra religión la adoración de un criminal y su cruz, se descarrían de la verdad al pensar que un criminal merecería ser digno de fe como Dios o que pudiera ser posible creer en un mortal como en Dios.

  3. De hecho, es miserable el hombre cuya esperanza depende totalmente en un mortal, porque dicha esperanza cesa con la muerte (de este)..."