El rompecabezas de Jesús
Preámbulo
Primera parte
Segunda parte
Tercera parte
Post scriptum
Los Apologistas
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Sólo parece haber una forma de interpretar todo esto. Podemos asumir que los apologistas filósofos estaban familiarizados con la historia del Evangelio y su figura de Jesús de Nazareth. Pero, con la excepción de Justino, escogieron no integrarla en su propia fe; decidieron no identificar este supuesto maestro fundador histórico con su Logos divino e Hijo de Dios; optaron por no considerarlo como la fuente de las enseñanzas cristianas.

 

Esto es posible sólo si la religión del Logos a la cual estaban suscritos los apologistas, especialmente en el momento de sus conversiones, carecía de la figura de Jesús de Nazareth. Sólo si pudieran ver la historia del Evangelio y su personaje central como un injerto reciente, como un relato ficticio como los de los griegos, sólo así les resultaría posible rechazarlo y sentir que podrían presentar la fe cristiana legítimamente. Sólo si ellos hubieran sentido que era posible que los paganos aceptaran la historia de Jesús como un mito como el de sus propios mitos religiosos, hubiera sido posible para los apologistas el presentarles un cristianismo que ignoraba o rechazaba la figura de Jesús.
A los apologistas les hubiera resultado aceptable el presentar a los Griegos un cristianismo que ignoraba o rechazaba la figura de Jesús, solamente si hubieran sentido que era posible para éstos el aceptar el relato de Jesús como un mito, en la misma forma como aceptaban sus propios mitos religiosos.

 

Como mezcla de Platonismo y Judaísmo helenista, la rama de la cristiandad de los apologistas se volvió prominente a lo largo de todo el imperio en el siglo segundo. (El Paulinismo se eclipsó hasta el ascenso de la Iglesia de Roma y su rehabilitación de Pablo a medida que progresó la mitad del siglo segundo.) Como hemos visto, este Cristianismo Platónico se definió a sí mismo en formas que no tenían nada que ver con un Jesús histórico. Tampoco es verosímil que haya surgido del Paulinismo, pues no tienen prácticamente nada en común.

 

Si el desarrollo fue como los académicos gustan de presentarlo, a saber, un desplazamiento en el énfasis desde el estilo Palestino del Cristianismo a uno basado en la filosofía Griega y el Judaísmo Helenista, entonces difícilmente se hubiera desechado la figura de Jesús de Nazareth; se hubiera integrado en el cuadro platónico. Esta no es una "utilización" cristiana de la filosofía griega. La fe de los apologistas es el platonismo religioso de la época trasladado a un entorno ético y teológico de corte Judío. (que causó el surgimiento del Logos y de la fe "señalada" o Cristiana). Es significativo que ninguno de ellos (exceptuando posiblemente a Teófilo) tuviera vínculos con iglesia alguna.

 

Dicha imagen respalda la perspectiva de que el Cristianismo, durante sus primeros 150 años, fue un mosaico de expresiones descoordinadas. Fue un organismo diversificado que enraizó y floreció a lo largo del panorama del Imperio, una mezcla ampliamente divergente de características judías y griegas. A medida que transcurrió el tiempo, la destilación de Jesús de Nazareth a través por ciertos poros en este organismo se diseminó inexorablemente a lo largo de la totalidad de su superficie, hasta que para el año 200 estaba firmemente atrincherada en cada aspecto de la fe.

 

Incluso Justino da evidencia de esta imagen. Después de llegar a Roma en los años 140, encontró algunos de los Evangelios y acogió al hombre-dios histórico del cual hablaban. En sus escritos apologéticos redactados en los años 150, Jesús y los evangelios ocupaban un papel central. Para Justino, la Palabra/Logos "Tomo forma, se hizo hombre y fue llamado Jesús Cristo" (Apología, 5). Sin embargo, inadvertidamente nos dejó un registro acerca de la naturaleza de la fe a la que se convirtió antes de su encuentro con el relato del Jesús humano.

 

El Diálogo con el Judío Trifón se escribió después de la Apología y la última puede datarse en los primeros años de la década del 150. Pero la acción de Trifón se sitúa en las épocas de la Segunda Revuelta Judía, en los años 130 y los académicos están seguros de que éste representa el momento de la conversión de Justino, la cual describe en los capítulos iniciales.

 

En las proximidades del mar cercano a Éfeso, Justino encuentra un anciano, un filósofo cristiano. Después de una discusión de los gozos y beneficios de la filosofía, el anciano le cuenta acerca de antiguos profetas judíos que hablaron por el Espíritu Divino. Estos profetas, dice, habían proclamado la gloria de Dios Padre y su Hijo, el Cristo. (Esta era la interpretación de la Biblia Hebrea en términos platónicos.) La sabiduría sólo podría llegar a aquéllos que la hubieran recibido por parte de Dios y su Cristo.

 

En este punto, dice Justino (8: 1), "se encendió una llama en mi alma; y un amor de los profetas y de aquéllos que son amigos de Cristo me poseyó." Justino ni siquiera dice (no obstante los mejores intentos de algunos comentaristas) que hubiera sentido un amor por Cristo mismo, porque en el cristianismo al cual se convirtió, Cristo era un concepto filosófico. Era parte del Dios Supremo que estaba en el Cielo, una entidad del mismo tipo del Logos. Este Cristo es un Salvador por virtud de la Sabiduría que imparte (8:2). Éste es el concepto de Salvación que Justino tiene aquí, porque prosigue para concluir la historia de su conversión, diciéndole a Trifón: "Si estás buscando ardientemente la salvación y si crees en Dios, puedes familiarizarte con el Cristo de Dios y, después de ser iniciado, vivir una vida feliz." (Posteriormente, bajo la influencia de los Evangelios, Justino hizo un énfasis creciente en el valor redentor de la muerte y resurrección de Cristo, pero en la religión del Logos básica, el Hijo salva al revelar a Dios.)

 

¿Dónde está Jesús de Nazareth en todo esto? El viejo filósofo no tenía ni una palabra que decir acerca de él o de cualquier encarnación del Hijo. Somos afortunados de que Justino no hubiera remodelado el recuerdo de su experiencia de conversión a la luz de sus posteriores creencias basadas en los Evangelios. En estos capítulos de apertura del Diálogo con Trifón, podemos ver que todo lo que los apologistas llegaron a la misma fe cristiana: una filosofía religiosa platónica basada en el Judaísmo Helenista que deja de incluir a un Jesús histórico.

 

Trifón mismo puede ser una invención literaria, pero Justino pone en su boca (8:6) una acusación muy reveladora, una que debe haber representado una opinión extendida en esa época: "Pero Cristo- si de hecho hubiera nacido y existiera en algún lugar - es desconocido... Y ustedes, habiendo aceptado un reporte sin base, se inventan un Cristo para ustedes mismos... “ Trifón también expresa la opinión de que la encarnación es increíble y que los cristianos son locos al colocar a un hombre crucificado en segundo lugar después de Dios. Como veremos, incluso los cristianos pudieron estar de acuerdo.