El rompecabezas de Jesús
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LOS APOLOGISTAS DEL SIGLO SEGUNDO

 



Los Apologistas Cristianos del siglo segundo nos presentan una imagen dramática de subsiguiente diversidad en el movimiento cristiano y con respecto a Jesús de Nazareth, un silencio sorprendente y revelador.

 

Los primeros 100 años del cristianismo han recibido la mayor atención por parte de los especialistas cristianos. Convencionalmente se piensa que Jesús, los orígenes de la Iglesia y los documentos que terminaron en el canon del Nuevo Testamento yacen dentro del período que va hasta los años 130. También están incluidos los escritos supervivientes del variado grupo conocido como los Padres Apostólicos, los cuales revelan algunas de las condiciones y conflictos al interior del movimiento en desarrollo. El período subsiguiente con una duración de otros 100 años o más, fue la edad de los apologistas. Estos eran hombres como Justino Mártir, quien presentó y justificó el Cristianismo frente a un mundo exterior que era fuertemente hostil a la nueva fe.

 

En mi serie de cuatro partes "El rompecabezas de Jesús" aparecida en Humanist in Canada desde el otoño de 1995 hasta el verano de 1996 (Reproducido en este Website), ofrecí una imagen de los orígenes y crecimiento del Cristianismo que rechaza la existencia de un Jesús de Nazaret histórico. Una de las características clave de esa reconstrucción fue la inusual diversidad de expresión que se encuentra en el registro cristiano primitivo acerca de la figura de Jesús, la Teología cristiana, las prácticas rituales y las concepciones de la salvación. Esta diversidad no apunta a un fundador humano y un único movimiento misionero que se origina en aquél, sino a un movimiento religioso de amplia difusión y descoordinado, cuyo fundamento se basaba en diversas creencias en un Hijo de Dios intermediario y Divino, una entidad totalmente espiritual. Un tópico relacionado era el universal silencio que encontramos en ese registro primitivo con respecto a cualquier cosa que tuviera que ver con el ser humano que conocemos por medio de los evangelios.

 

¿Qué encontramos a medida que el cristianismo entra en sus segundos 100 años? De hecho, encontramos más de lo mismo. Aquéllos que han estudiado los apologistas tienden a hacer algunas observaciones sorprendentes. Hacen notar cuán poca continuidad muestran estos escritores con respecto a las tradiciones más primitivas. A menudo sus ideas no tienen nada en común con aquéllas que aparecen en las epístolas del Nuevo Testamento e incluso con las ideas presentadas en los Evangelios. No hay ninguna dependencia de Pablo. Más aún, no parece que dichos escritores se movieran en círculos eclesiásticos. Ni siquiera Justino, que había trabajado en Roma, tiene algo que decir acerca de los obispos y de las organizaciones eclesiásticas. Y casi todos aquéllos de antes del año 180 (siendo Justino la mayor excepción) permanecen en silencio con respecto a los Evangelios y a la figura de Jesús que está contenida en ellos. De hecho, se podría decir que ellos ignoran deliberada y absolutamente cualquier tipo de figura histórica.

 

Esta situación, junto con el hecho de que los Evangelios y los Hechos de los Apóstoles no se vislumbran en ningún otro escritor cristiano hasta la mitad del siglo segundo, soporta la conclusión de que la figura de Jesús de Nazareth fue un desarrollo en el pensamiento cristiano que nació a la vida únicamente en los evangelios, y de forma gradual, a lo largo del curso del siglo segundo, imponiéndose a sí mismo en la totalidad del movimiento.

 

Miremos más de cerca la evidencia suministrada por los apologistas cristianos.

 

Los académicos especializados en el siglo segundo caracterizan a la cristiandad de los apologistas como un movimiento esencialmente filosófico. Aunque la primera expresión del desarrollo cristiano en el siglo primero, la centrada en Pablo y el grupo de Jerusalén, fue un fenómeno palestino de orientación apocalíptica, la de los apologistas, que estaban todos localizados en los centros cosmopolitanos del imperio, se basaba en la filosofía platónica y en el judaísmo helenista.

 

Justino, el apologista del cual más sabemos, llegó al cristianismo después de haber investigado todas las demás filosofías populares de su época: Estoicos, Peripatéticos (Aristóteles), Pitagóricos. Finalmente, hizo escuela en Platonismo Medio, la perspectiva filosófica predominante en esa era, la cual coloreaba todo lo demás, especialmente en sus fuertes preocupaciones religiosas con respecto a la naturaleza de la Deidad y sus relaciones con la humanidad. Cuando Justino encontró el Cristianismo, juzgó que era la mejor versión de la filosofía contemporánea. En Roma, parece no haber tenido ninguna conexión con ningún cuerpo eclesiástico, pero fundó su propia escuela para enseñar filosofía cristiana de la misma forma en que lo hacían los filósofos paganos de ese tiempo.

 

¿Y en qué consistía esta "filosofía Cristiana", según era presentada por los apologistas como grupo? No hay duda de que tenía sus raíces en el Judaísmo. Predicaba la adoración monoteísta del dios Judío, un dios que se proclamaba como superior a los dioses de los paganos. Se examinaban las escrituras hebreas para obtener información sobre este dios. Se le daba mucha importancia a un modo de vida basado en la ética judía; que asimismo, se proclamaba como muy superior comparada con la filosofía ética de los paganos. Al mismo tiempo, esta filosofía derivaba del Platonismo el concepto de un Hijo de Dios, un "segundo Dios" o Logos (Palabra), una fuerza activa en el mundo y que servía como un intermediario entre Dios y la Humanidad. Esta idea del Logos estaba flotando en el ambiente de la mayoría de las filosofías griegas e incluso, en el judaísmo helenista.

 

Así, la religión de los apologistas se ha caracterizado como "Platónica-Bíblica" o "Platonismo religioso de molde judío". Parece haber surgido de los círculos judíos de la Diáspora que se hallaban inmersos en la filosofía Griega. (Justino y otros, incluyendo el movimiento conocido como Gnosticismo, aportan evidencia de sectas heréticas judías con muchos gentiles entre sus filas, las cuales habían evolucionado quedando a gran distancia del pensamiento Judío tradicional.) Es poco lo que sugiere que esta religión procedía de la rama del desarrollo cristiano del siglo primero que rodeaba a Pablo. No se encuentra nada del enfoque evangélico en el Mesías o en el fin del mundo y los puntos de vista de los apologistas con respecto a la salvación están enraizados en el misticismo griego y no en la martirología judía por el pecado. Es más apropiado decir que las dos expresiones parecen ser ramas separadas de un árbol muy frondoso.

 

Justino y quienquiera que haya reformado el Evangelio de Juan para incluir el prólogo, con su himno que iguala el Logos con Jesús, llegó a la convicción de que la Palabra intermediaria, el Hijo de Dios espiritual, se había encarnado en una figura humana como se relataba en los Evangelios. Pero, ¿es esto cierto con respecto a la totalidad de los apologistas?

 

El hecho asombroso es que, de los cinco o seis principales apologistas hasta el año 180, exceptuando a Justino, ninguno introduce un Jesús histórico en sus defensas del cristianismo ante los paganos. (Después de eso, Ireneo, Tertuliano, Clemente de Alejandría y Orígenes se basan todos firmemente en la tradición Evangélica)

 

Considere a Teófilo de Antioquía. De acuerdo con Eusebio él fue obispo de la comunidad cristiana de esa ciudad en el año 168, pero uno tiene que dudar. En su tratado Para Autolico, escrito aparentemente hacia el año 180, nos dice que fue pagano de nacimiento y que se convirtió al Cristianismo después de leer las escrituras Judías, una situación prácticamente común a todos los apologistas.

 

Pero para Teófilo, ¿Cuál es el significado del nombre "cristiano"? El Autolico del título le hizo esta misma pregunta. Él responde (I.12): "Porque somos ungidos con el aceite de Dios." (El nombre "Cristo" significa simplemente "el ungido" debido a los reyes ungidos de Israel.) De hecho, ¡Teófilo absolutamente nunca menciona a Cristo o a Jesús! No hace ninguna referencia a ningún maestro fundador; en cambio, los cristianos obtienen su conocimiento de Dios a través del Espíritu Santo. Junto con los pronunciamientos de los profetas del Antiguo Testamento, el incluye "los evangelios" (III.12), pero estos también son la palabra inspirada de Dios, no un registro de los hechos y dichos de Jesús.  Cuando cita máximas éticas correspondientes a las enseñanzas Evangélicas de Jesús, las presenta (II.14) como la enseñanza de estos evangelios, no de Jesús mismo.