El rompecabezas de Jesús
Preámbulo
Primera parte
Segunda parte
Tercera parte
Post scriptum
Los Apologistas
Los Apologistas (2)
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POST SCRIPTUM


 

La teoría de que el cristianismo podría haber empezado sin un Jesús de Nazareth histórico ha sido fieramente resistida por el academicismo neotestamentario desde que fue planteada por primera vez hace unos 200 años. Siempre ha sido sostenida por una pequeña minoría de investigadores, usualmente “externos”, sólo porque la gran mayoría que trabajan en el campo han sido apologistas religiosos, con sus propios intereses confesionales. Incluso los eruditos más "seculares" de hoy, como Burton Mack y J.D. Crossan, han pasado a través del sistema, y sentirían tremenda resistencia personal y presión de sus colegas contra cualquier salto hacia la negación de la historicidad de Jesús. Pero hay inmensos problemas en la Investigación del Nuevo Testamento que continúan eludiendo la solución, y en última instancia, la teoría de Jesús como mito ofrece algunas respuestas que merecen que se les dé una mirada honesta, en vez del rechazo y desdén automático (por no mencionar la refutación trivial) que regularmente se concuerda en darle.

 

Después del primer artículo en mi serie, se me llamó la atención por dejar de lado los testimonios no cristianos de Jesús, pero estos hacen todo, menos soportar su existencia. Hasta casi el final del primer siglo, no hay ni un murmuro de él en los registros paganos o judíos. El filósofo judío alejandrino Filón, quien vivió hasta el 50 D.C. y escribió acerca de sectas inusuales como los Terapeutas y los Esenios, no tiene nada que decir acerca de Jesús o los cristianos. Se dice que Justo de Tiberíades, un historiador Judío que trabajó en Galilea en los años 80 (sus trabajos se perdieron), no había hecho mención alguna de Jesús. Plinio el Viejo (muerto en el 79) recolectó datos de todo tipo de fenómenos astronómicos y naturales, incluso aquéllos que eran legendarios y que él mismo no veía necesariamente como fácticos, pero no registra ningún prodigio asociado con las creencias de los cristianos, como un terremoto o un oscurecimiento del firmamento en la crucifixión, ni ninguna estrella de Belén. El primer satirizador romano en desdeñar una secta que creía en un fundador judío crucificado que había sido un dios fue Luciano en los años 160, y Epícteto, el gran filósofo estoico del inicio del siglo segundo, quien predicó la hermandad universal a las masas pobres y humildes no muestra conocimiento de un precursor Judío.

 

El famoso pasaje acerca de Jesús en las Antiguedades Judaicas de Josefo, capítulo 18, (publicado cerca del 93) es ampliamente reconocida, tal como nos llegó, como una interpolación Cristiana tardía. Habla ingenua y devotamente de Jesús y le declara como el Mesías. Orígenes en el tercer siglo nos dice que Josefo no creía en Jesús como el Mesías (Tal vez porque Josefo había dado dicho título al emperador Vespasiano), mostrando que este pasaje no existía en su copia. Pero, ni Orígenes ni ningún otro antes del siglo cuarto mencionan alguna vez cualquier referencia a Jesús. Esto debería ser suficiente (y hay otras razones también) para descartar la réplica de que incluso aunque los cristianos más tarde lo hayan modificado, el historiador judío debe haber insertado algo acerca de Jesús en Antigüedades 18. Y acerca de la nota fugaz en Antigüedades 20 de que Jesús era el hermano de Santiago, Orígenes nos muestra que éste pasaje también fue alterado en alguna parte a lo largo de la línea. Si existía alguna referencia a Jesús en el original, pudo haber sido al Cristo espiritual, como en Gálatas 1:19 (ver mi segundo artículo), y fue cambiado más tarde en términos más históricos.

 

El historiador Romano Tácito, en sus Anales escritos alrededor del 115, hace la primera referencia pagana a Jesús como un hombre ejecutado en el reinado de Tiberio. No es probable que esto sea resultado de la búsqueda en algún archivo, porque los romanos difícilmente mantenían registros de las incontables crucifixiones alrededor del imperio, remontándose a casi un siglo atrás. Además, Tácito no es conocido como un investigador profundo, que se ilustra por el hecho de que se equivoca al asignarle el título a Pilato. Algunos eruditos reconocen que la "información" de Tácito probablemente vino de rumores populares e interrogatorios policiales de cristianos; esto habría sido en un momento en el cual la idea de un fundador histórico había obtenido arraigo en Roma. La bien conocida Carta a Trajano de Plinio el Joven, escrita desde Asia Menor alrededor del 112 y pidiendo consejo acerca de la persecución a los cristianos, no dice nada acerca de un Cristo que fue un hombre histórico reciente. Y la referencia de Suetonio cerca del 120 es tan breve e incierta que puede ser que ni siquiera se refiera a los cristianos.

 

Hay algunos en la desesperación que llamarán la atención acerca de oscuras referencias en Talo y Flegón acerca de eclipses del sol supuestamente asociados con la crucifixión, pero dichos escritores paganos llegan a nosotros sólo a través de comentaristas cristianos. Los últimos indudablemente han puesto su propio giro a reportes que originalmente no tenían que ver con un Jesús.

 

Sobre referencias a Jesús en el Talmud Judío : incluso aunque algunas observaciones son atribuidas a rabís que florecieron alrededor del final del primer siglo (de ninguna forma antes), ellas no fueron escritas antes del tercer siglo. De cualquier forma, son tan crípticas y fuera de lugar, que difícilmente pueden ser identificadas con la figura del Evangelio. Como testimonio del Jesús histórico no tienen ningún valor.

 

Los comentarios y objeciones generales que he recibido acerca de mi serie hasta aquí, pueden agruparse bajo el encabezamiento de "Las Cinco Falacias" de las cuales ha sido culpable la investigación del Nuevo Testamento. (Asumiré la familiaridad del lector con los primeros tres artículos.) La Primera Falacia es la idea de que los judíos, tanto en Palestina como en el resto del Imperio, pudieran haber terminado creyendo -o haber sido convertidos a la idea por otros- de que un ser humano era el Hijo de Dios. Sabemos de comunidades cristianas por todo el Mediterráneo oriental a los pocos años de la supuesta muerte de Jesús, la mayoría si no todas, dentro de círculos predominantemente Judíos. Dichos cristianos eran numerosos y lo suficientemente problemáticos en Roma ¡para ser expulsados por Claudio en los años 40! La visión cristiana tradicional nos haría creer que dichas comunidades eran el producto de discípulos polvorientos de Judea que se desplazaron a centros grandes y pequeños y casi de repente, lograron convencer a un gran número de Judíos (al igual que Gentiles) de que un humilde predicador del cual ellos nunca habían oído y que nunca habían visto, ejecutado en Jerusalén como un subversivo, había resurgido de la muerte y era, de hecho, el Hijo preexistente de Dios que le había ayudado a crear el universo. Ésta es una proposición cómicamente absurda.