El rompecabezas de Jesús
Preámbulo
Primera parte
Segunda parte
Tercera parte
Post scriptum
Los Apologistas
Los Apologistas (2)
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PRIMERA PARTE

UNA CONSPIRACIÓN DE SILENCIO

 

Alrededor del año 107, el obispo cristiano de Antioquía hizo un último y penoso viaje. Bajo escolta militar, Ignacio viajó por tierra desde Antioquía hasta Roma, donde en su brutal arena iba a morir una muerte de mártir. A lo largo del camino él escribió a varias comunidades cristianas.

 

A los Tralianos el dijo: "Cierren sus oídos entonces si alguien les predica sin hablar de Jesucristo. Cristo fue del linaje de David. Él era el hijo de María; él verdaderamente nació, comió y bebió, fue realmente perseguido bajo Poncio Pilato, fue realmente crucificado....Él fue también realmente levantado de entre los muertos.

 

Pero hay algo muy curioso acerca del hecho de tales ideas en las cartas de Ignacio. Dejemos de lado los Evangelios por ahora, excepto para decir que no hay buena razón para fechar ninguno de ellos antes de muy avanzado el primer siglo, y miremos el cuerpo remanente de escritos cristianos supervivientes en la época de Ignacio.

 

El plano incluye las cartas genuinas de Pablo, escritas en los años 50; cartas escritas más tarde bajo su nombre: Colosenses, Efesios, 2 Tesalonicenses, las tres pastorales (1 y 2 de Timoteo y Tito); otras epístolas del Nuevo Testamento: Santiago, Hebreos, Judas, 1 y 2 de Pedro, 1, 2 y 3 de Juan; Revelación. También están incluidos escritos no canónicos: 1 de Clemente, la Didaché (La Didache o Didajé, o Enseñanzas de los Doce Apóstoles, fue escrita entre el año 65 y 80 de la era cristiana e impresa en 1883, diez años después de haber sido encontrado en Macedonia, cerca de Constantinopla. Es considerado como el documento cristiano más antiguo. Da los puntos de vista de los comienzos de la Iglesia y fue altamente apreciado por los Primeros Padres), las cartas de Ignacio, y la epístola de Bernabé. Las fechas de muchos de estos documentos (todos originalmente escritos en griego) son difíciles de fijar y aquí son sólo tratadas de forma aproximada.

 

Muchas veces en sus cartas, Ignacio enfatiza su creencia en Jesús como el hijo de María, como un hombre que había vivido en la época de Herodes, que había sufrido y muerto bajo Poncio Pilato. Cada cristiano estaría de acuerdo de que estos son elementos esenciales de la historia del Evangelio junto con el retrato de Jesús como un maestro ético, como ejecutante de milagros, un predicador apocalíptico de la llegada del Reino de Dios. Y aún así, cuando pisamos por fuera de aquellos Evangelios en la mucho más enrarecida atmósfera de las epístolas del primer siglo, encontramos un gigantesco rompecabezas.

 

Antes de Ignacio no se va a encontrar ni una sola referencia a Poncio Pilato, el ejecutor de Jesús. Ignacio es también el primero en mencionar a María; José, el padre de Jesús, no aparece en ninguna parte. La más antigua referencia a Jesús como algún tipo de maestro viene en la primera carta de Clemente justo antes de Ignacio, quien parece curiosamente inadvertido de cualquiera de las enseñanzas de Jesús. Para encontrar el primer indicio de Jesús como Taumaturgo, debemos movernos más allá de Ignacio hasta la epístola de Bernabé. Otros elementos notables de la historia del Evangelio son igualmente difíciles de encontrar.

 

Este extraño silencio sobre el Jesús de los evangelios que impregna casi un siglo de correspondencia cristiana pide a gritos una explicación. No puede ser ignorado como algún capricho inconsecuente, o por la observación descuidada hecha por el academicismo Neotestamentario de que los escritores cristianos primitivos "no mostraban interés" en la vida terrenal de Jesús. Algo está pasando aquí. En este primer artículo de una seria de tres, vamos a examinar detalladamente esta  "conspiración de Silencio" en la cual Pablo y todos los demás escritores cristianos del primer siglo parecen estar confabulados.

 

El cristianismo nació dentro del Judaísmo, cuya enseñanza teológica básica fue: Dios es Uno. La más grande blasfemia para un judío hubiera sido asociar cualquier hombre con Dios. Aún así, ¿Qué hicieron estos primeros cristianos? Aparentemente, ellos tomaron alguien visto como un criminal crucificado y lo convirtieron el Hijo de Dios y Salvador del Mundo. Le dieron títulos y roles previamente reservados únicamente para Dios. Le hicieron preexistente: compartiendo la divinidad con Dios en el cielo antes de que el mundo fuera hecho. Esto no fue algo que hubiera evolucionado con el tiempo. Todo este pensamiento altamente espiritual y mitológico es la más temprana expresión acerca de Jesús.

 

No obstante, hay un profundo silencio en Pablo y los otros escritores del primer siglo. Lo podríamos llamar  "La Ecuación Perdida". Ninguno de estos escritores afirma en ninguna parte que este Hijo de Dios y Salvador, este Cristo cósmico del cual todos están hablando, era el hombre Jesús de Nazareth recientemente enviado a la muerte en Judea. En ninguna parte hay una defensa de esta proposición descabellada y blasfema, el primer elemento necesario (presumiblemente) en el Mensaje cristiano: que un hombre reciente era Dios.

 

Dicha defensa hubiera sido requerida aún para una audiencia de Gentiles. Los griegos y romanos tenían sus propias filosofías religiosas, que incluían la idea de un Hijo divino, de un intermediario entre Dios y el mundo, pero dichos conceptos espirituales nunca habían sido igualados con un ser humano.

 

En contraste, miremos los Hechos de los Apóstoles, escritos bien entrado el segundo siglo. En el capítulo 2, Pedro se representa hablando a los judíos así: "Hombres de Israel, escuchadme mis palabras: Jesús de Nazareth, un hombre "probado ante vosotros por Dios..." Y sigue predicando acerca de éste Jesús, a quien "Dios ha hecho Señor y Cristo".

 

Aquí está la ecuación perdida en las epístolas del primer siglo. Empieza con el Jesús humano y le declara que fue divino o que fue hecho divino. Pablo y otros escritores primitivos, sin embargo, parecen hablar exclusivamente de un Cristo divino. Él es una especie de don, nunca identificado con un ser humano reciente. Se estipulan creencias espirituales  acerca de éste Cristo e Hijo de Dios divino.

 

1 Corintios 8:6, por ejemplo, dice: "Para nosotros hay un Dios, el Padre, del cual  proceden todas las cosas y hay un solo Señor, Jesús Cristo, por quién son todas las cosas y por quien somos nosotros." De la misma carta, Pablo recita el evangelio que predicó (15:3-4): "Que Cristo murió por nuestros pecados de acuerdo con las escrituras; que fue enterrado; que fue levantado en el tercer día de acuerdo con las escrituras." ¿Por qué la igualación de este Salvador divino con el reciente Jesús de Nazareth no sería una parte necesaria y natural de al menos algunas de las declaraciones de fe o aún, de argumentos y discusiones simples que encontramos en todas las epístolas del primer siglo? Esta igualación está perdida de forma notoria en 1Corintios 1, 18 y ss, donde Pablo está defendiendo la sabiduría de Dios y la aparentemente absurda doctrina cristiana, aunque no siente necesidad de incluir una defensa del sinsentido de que un ser humano ha sido elevado a la divinidad. Dejaré al lector que mire cuidadosamente otros pasajes, como Filipenses 2:6-11, Colosenses 1:15-20, el primer capítulo de la Epístola a los Hebreos (La lista podría crecer indefinidamente), para que se  pregunte dónde está el reciente Jesús de Nazareth en todo esto, el hombre que supuestamente había caminado sobre la misma tierra en que estos escritores también habían asentado el pie, en muchos casos, durante sus propias vidas.