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Podemos asegurar que durante el Siglo XX y lo que llevamos  del XXI, los cambios, a todos los niveles, se producen a una velocidad de vértigo.



Algunos tenemos suficientes años como para decir que hemos sido espectadores de bastantes, y usuarios y beneficiarios de muchos inventos.



Quizá los cambios más espectaculares tienen que ver con los vehículos y con los objetos para el aprendizaje y entretenimiento de los seres humanos.



Refiriéndome a estos últimos, de las pianolas se pasó  a los gramófonos; de los discos de vinilo –esto ya lo viví yo—a los CD compactos; ahora los MP3 y MP4; del "vaudeville" al cine; de la radio a la televisión. A las películas se les añadió sonido; a la radio, imágenes; y a ambas el color. Y en ese sentido nadie duda de que podamos ir más lejos.



Con el láser y la holografía podemos producir imágenes tridimensionales de mayor definición que la que puede ofrecer cualquier fotografía corriente en dos dimensiones. Las técnicas de grabación han permitido editar video-cassettes sobre cualquier tema, de modo que podemos reproducir en cualquier momento lo que nos apetezca en nuestro televisor.



Cada nuevo invento desplaza a los antiguos en la medida en que el publico acude a aquella técnica que le da más. El cine mató al "vaudeville", la televisión hizo que se reajustara la radio, y el color casi ha enterrado al blanco y negro. Las tres dimensiones acabarán sin duda con la bidimensionalidad. Las viedeo-cassettes  obligaron a la reestructuración a  la televisión de masas y al cine, y las nuevas técnicas digitales de almacenamiento la obligarán de nuevo.



¿Cuál es la tendencia general? ¿A que se llegará en último término?  Hemos pasado de equipos voluminosos y pesados, a otros mucho más pequeños y a pantallas planas. No hay duda de que las mejoras seguirán viniendo por el lado de la miniaturización y de la mayor complejidad, que es el mismo proceso que en años recientes nos han proporcionado radios, cámaras, ordenadores, teléfonos móviles, etc. Todo más pequeño y compacto.



La miniaturización y ligereza está necesitando cada vez de menos energía para el funcionamiento de los objetos,  y la multifuncionalidad nos permite unir en un único "artilugio" varias funciones.



 El teléfono móvil, con cámara fotográfica digital, y con servicios de fax y e-mail en un mismo objeto es un ejemplo claro,  y seguiremos en esa línea.



Pero un "artilugio" de este tipo produce sonidos, proyecta luz, emite y  recibe, por que ese es precisamente su propósito....., y ¿por qué invadir la esfera de otras personas ajenas a ellos. El "artilugio" ideal sería visible y audible para la persona que lo está utilizando, y para nadie más.



Los "artilugios" que existen hoy necesitan, como es lógico, una serie de mandos, un botón de encendido y apagado, y otros para regular el color, el volumen, el brillo, el contraste y demás, y un teclado dependiendo de la cantidad de funciones del mismo. 



La dirección del cambio será, naturalmente, hacia una simplificación de los controles.  En último termino habrá un solo botón... o quizás ninguno.



Cabria imaginar un "artilugio" que estuviese siempre perfectamente ajustado; que empezara a funcionar automáticamente en cuanto uno lo mirara; que se parara automáticamente en cuanto uno dejara de mirarlo; que se pudiera avanzar o retroceder deprisa o despacio, a saltos o con repeticiones, a placer del usuario.