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VitralesLa belleza y elegancia de las dos capillas se ve enriquecida por los colores que la decoran, a tono con los de los vitrales. En ambas están presentes el rojo, el azul, el verde y el dorado. Las bóvedas de la capilla inferior tienen flores de lis doradas sobre fondo azul, símbolo de los reyes de Francia. Algunas columnas presentan el mismo motivo mientras que en otras hay torres de Castilla doradas sobre fondo rojo, en honor a la madre del rey. Las bóvedas de la capilla superior están pintadas como un cielo estrellado. En los vitrales de la misma se encuentran representadas escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento, del Apocalipsis y de la historia de las reliquias. Estas vidrieras fueron hechas por artesanos de París. A diferencia de los vidrieros del taller de Chartres, los de París no separaban los colores vivos de los apagados. Por ello, en los vitrales de la Sainte Chapelle, los rojos y azules se entremezclan dando una tonalidad violácea, tan bella como ilegibles son, por esta causa, las imágenes.

 

El exterior del edificio no permite imaginar la majestuosa elegancia de los interiores, los frentes están tratados con sobriedad y la decoración se concentra en las partes altas.

 

La fachada principal está flanqueada por dos torres –que alojan las escaleras- y rematada por un gablete a dos aguas que acusa las vertientes de los techos. Las torres terminan en agujas ceñidas por sendas coronas de espinas y decoradas con flores de lis. Adosados a la fachada hay dos pórticos, uno sobre el otro, que se corresponden con los niveles de las capillas. Por encima de ellos se encuentra el rosetón. Las fachadas laterales están determinadas por la sucesión de ventanas y contrafuertes. Las ventanas están coronadas por gabletes a dos aguas Los contrafuertes por agudos pináculos. En la base de cada uno de éstos están dispuestas las gárgolas, caracterizadas como seres monstruosos que ahuyentan los espíritus malignos.

 

Los empinados techos de plomo terminan en una cresta decorativa que remata, hacia el lado del ábside, con un ángel guardián que mira hacia Notre Dame.

 

Sosteniendo la cruz, corona toda la obra una empinada aguja de cedro calada que apoya en un basamento octagonal que emerge del techo. En grupos de a dos y adosadas a seis caras del octógono, se encuentran las imágenes de los doce apóstoles. Esta aguja es una restauración llevada a cabo por el arquitecto Lassus durante el siglo XIX, ya que la original del siglo XV fue abatida por los revolucionarios. Por esa razón, las estatuas de los apóstoles, esculpidas por Geoffroy Dechaume, tienen los rasgos de Lassus y de los principales artesanos que trabajaron en la restauración.

 

En cuanto al volumen, el esquema de dos capillas superpuestas determina que, exteriormente, la Sainte Chapelle sea demasiado alta para la superficie que ocupa. Sin embargo, los arquitectos del gótico no se preocupaban en exceso por estas cuestiones; la verticalidad de las estructuras y de la decoración góticas refuerzan esa característica del edificio confiriéndole un aspecto ascendente que da sentido al volumen.

 

Como símbolo del poder real y de la Iglesia, la Sainte Chapelle fue blanco de los revolucionarios. Todas las partes del edificio donde hubiera coronas y flores de lis fueron destruidas a martillazos, la aguja fue derribada, el mobiliario desapareció, las reliquias se dispersaron, algunos vitrales fueron subastados, los órganos fueron llevados a la iglesia de Saint Germain L´Auxerrois y se destruyeron algunas estatuas, aunque la mayoría fue salvada. Posteriormente, la capilla fue convertida en club y luego en archivo del palacio de justicia. La restauración, comenzada en 1846, fue promovida y llevada a cabo por el arquitecto Lassus, como ya hemos dicho. A la muerte de Lassus, en 1857, los trabajos fueron continuados por el arquitecto Boeswillwald y se extendieron hasta 1867.

 

Con la adquisición de las reliquias de la Pasión y la construcción de la Sainte Chapelle -el apropiado relicario- Luis IX unía la corona del Salvador a la suya en un acto de fuerte simbolismo en la afirmación del poder monárquico por sobre el de los señores. Su corona también se conservaría como una reliquia en la capilla palatina cuando a su muerte fuera canonizado para pasar a la posteridad como el rey San Luis. Quedarían así inmortalizados el rey por su santidad y la Sainte Chapelle por su imperecedera belleza.



Augusto Rocca, arquitecto

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