Montserrat Robreño
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NUEVE CABALLEROS EN MISIÓN SECRETA



Tenían una misión a la que consagraron sus vidas y sus espadas: investigar el lugar en el que se ubicó el Templo de Salomón y rescatar las reliquias que ayudarían a la restauración del linaje real de los descendientes sanguíneos de Jesús y María de Magdala. Fueron el germen de la Orden del Temple, nueve caballeros solitarios de los que poco se sabe. Tampoco se conoce si lograron su objetivo. Ningún inquisidor pudo arrancarles su secreto.  

 

La estirpe merovíngea

 

Se ha hablado y escrito mucho sobre los descendientes de Jesús, Mesías y rey ungido de Israel, y María de Magdala. La Iglesia de Roma, pactó con los herederos de esta sangre real, los reyes merovíngeos, para erradicar el arrianismo y asentar su poder. Sin embargo, al apoyar el asesinato del rey Dagoberto II en el bosque de WoÎvres, traicionó su compromiso. Esta conspiración de la Iglesia, jamás fue olvidada. Muchos eran lo nobles de estirpe merovíngea, que se sentían exiliados de su patria, Israel, desde mediados del s. I. Entre estas familias los Bouillon, tenían derecho legítimo al trono y se gestaba su retorno. Al igual que sus antepasados, no se ocuparían de la tarea de gobernar, relegándola a sus mayordomos y dejando en sus manos el regreso a Jerusalén.

 

San Bernardo parte del misterio

 

Bernardo de Clairvaux, nacido en Fontaines, dicen que recibió tres gotas de leche de la Virgen Negra de Chatillon. Monje de la orden de San Benito y tan ligado a la Orden del Temple como al linaje merovíngeo, es una de las claves para desentrañar el misterio de los nueve caballeros. De una forma u otra, se encuentra relacionado con todos y cada uno de los actos que llevaron a cabo, antes, durante y después de su fundación. Escribió las normas del Temple, potenció su aprobación por el Papa con privilegios poco usuales, sobrino de uno de los nueve caballeros (André de Montbard), amigo íntimo de Nostradamus, quien en sus cuartetas reivindica la herencia real y davídica del linaje merovíngeo y sobretodo custodio de todo lo que pudiesen aportar los nueve enviados.

 

El heredero real

 

Godofredo de Bouillon fue educado por su tía y madre adoptiva Matilde de Toscana. En 1070 (2nueve años antes de la 1™ Cruzada) ésta cedió a un misterioso grupo de monjes calabreses, dirigidos por un tal Ursus, los terrenos de Orval donde edificaron un pequeño monasterio. Uno de esos monjes, Pedro El Ermitaño, se convirtió en tutor de Godofredo. En 1095 Pedro El Ermitaño y el Papa Benedicto II (monje cisterciense y amigo de Bernardo de Clairvaux) emplazan al mundo cristiano a la 1™ Cruzada. Para 1108 los monjes habían desaparecido de Orval, que posteriormente pasó a manos benedictinas.

 

Godofredo, no fue a la cruzada con la misma intención que otros señores feudales o reyes. Había vendido o donado todas sus posesiones, por lo que para él, aquél era un viaje sin retorno. Iba a establecerse en una tierra que por herencia de linaje le pertenecía. Israel, finalmente volvería a tener un rey descendiente de David, casi mil años después. Ningún otro cruzado, de rango inferior o superior al suyo, le disputó tal ascendencia.

 

La preparación entre bastidores

 

Así, nos encontramos que en 1104 el conde de Champagne, reunió en cónclave a nobles de alto rango, sabiéndose que al menos uno de ellos acababa de regresar de Jerusalén. Inmediatamente después, marchó a Tierra Santa quedándose cuatro años. Otro viaje posterior entre 1114 y 1115 cambió rotundamente su vida. Donó una heredad a Bernardo quien fundó allí la abadía de Clairvaux e ingresó en la Orden del Temple en 1125.

 

El Conde de Champagne y los representantes de las familias Brienne, Joinville, Chaumont y el señor feudal de André de Montbard, integraron parte del grupo que estructuró el reino. Sus idas y venidas a Jerusalén, bien hacen suponer que preparaba la llegada del nuevo rey. Una corte de consejeros, un cuerpo de guardia y sobretodo el servicio secreto. Los nueve caballeros, fueron escogidos por ese selecto grupo. Entre el contingente cruzado se mantuvieron aislados en su propio secreto, pasando inadvertidos y alejados de todos los desmanes que sabemos se cometieron. Servían en misión especial. Sin saber a ciencia cierta lo que buscaban, debían conocer a fondo todo lo relacionado con el Templo de Salomón siendo su cometido rescatar lo hallado para la estirpe real.

 

Sujetos inicialmente a un juramento secreto, posteriormente tuvieron una estructuración concreta. Monjes y caballeros, ya de por sí implica algo oculto. El misticismo y la espada, poco o nada tienen en común, sin embargo aquellos nueve caballeros tenían tanto de monjes como de guerreros. Servían a un linaje real y divino.

 

La corte en Jerusalén

 

Al sur de Jerusalén, se encuentra el Monte de Sión donde en el s. IV se construyó una basílica bizantina llamada "La Madre de todas las Iglesias". Sobre sus ruinas, en 1099, Godofredo de Bouillon, mandó edificar una abadía fortificada con el nombre de "Notre Dame du Mont de Sion". Allí se instaló lo que sería la cancillería y órgano de gobierno, entre los que se encontraba al menos uno de los monjes calabreses. Los nueve caballeros, probablemente en un principio estuviesen allí como parte del contingente armado.

 

A la muerte de Godofredo de Bouillon, en el mismo año 109nueve fue proclamado rey su hermano menor, Balduino I. Pero el consejo seguía un rumbo y destinó a los nueve caballeros a vivir en el Templo de Salomón y recorrer los pasadizos secretos de que aún permanecían en pie.