Montserrat Robreño
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L A ENCOMIENDA TEMPLARIA DE BARCELONA

 

Casa del Ardiaca"La Casa de Barcelona" fue, inicialmente, una incorporación a la encomienda de Palau-solità. Con fecha de 1150 se cita que la Orden del Temple posee "La casa de Barcelona" en la que reside el Gran Maestre de España y de Provenza Pere de Rovera. Algunos autores apuntan a que el primer emplazamiento estuvo en lo que actualmente es la Casa de l'Ardiaca. Según Joan Amades, construyeron una casa fortaleza adosada a la muralla al final de la actual calle del Bisbe, hoy Instituto Municipal de Historia.

 

Pasados los primeros años ya no era precisa aquella fortaleza para proteger el acceso al recinto amurallado de la ciudad dado que el peligro musulmán había pasado. Asimismo, la proximidad de la sede del Obispado, con el que tuvieron algunos roces dada la autonomía templaria confirmada por la bula papal Militia Dei, les hizo trasladarse al otro extremo del recinto amurallado cercano al castell del Regomir.

 

Muralla romanaEsta nueva ubicación la posibilitó, entre otras, la donación de Bernat Ramón de Massanet y su hijo Berenguer (23 de abril de 1134) al otorgar "la mitad de las casas, con la muralla y las torres, con un patio y un pozo, situadas al lado meridional de la ciudad, en las llamadas Casas de Gallifa y cerca del castillo de Regomir"

 

A éstas se sumaron otras cercanas al primer enclave, así como en la montaña de Montjuic y Sant Boi de Llobregat.

 

Sobre el año 1282 el Comendador de Palau-solità, se traslada a Barcelona para fijar su residencia. La corte de Barcelona era centro de poder en aquel momento histórico y el interés de la Orden por estar próxima a ella es evidente. Quedando la encomienda del Vallés como lo que siempre había sido y continuó siendo, un asentamiento eminentemente agrícola, sin perder por ello la titularidad y ser oficialmente la encomienda de Barcelona, una prolongación de la de Palau-solità.. Estuvieron ambas propiedades administradas por el mismo preceptor con el título de "Comendador de Barcelona", si bien en muchos documentos se indica también como "Comendador de Palau-solità o Salatà". Ejemplo de ello se encuentra cuando Pere Gil firma dos documentos en el mismo acto, con fecha 8 de junio de 1225, uno como "Comanador de Barcelona" y en el otro como "Comanador de Palau del Vallès". Otro ejemplo lo encontramos en la escritura rubricada por B. de Burg, en 1262, ofreciéndose en cuerpo y alma al Temple de Barcelona poniéndose en manos de fray Pere Penyoret, comendador de Palau-solità (pergamino 1.691 - Jaume I, Archivo de la Corona de Aragón, en Barcelona).

 

Las actividades de la Orden en Barcelona se centraron principalmente en el comercio, la industria, la banca y la especulación parcelaria. Poseían diversos molinos en las cercanías de la ciudad tanto de grano (Llobregat y Sant Boi) como para usos industriales ("molins drapers" en Sant Pere de les Puel.les). Una de las más relevantes prebendas de las que gozaba el Temple era el lucro de concesión real sobre la acuñación de moneda, de la que se sabe que entre febrero de 1208 y noviembre de 1211 ascendió a mas de ocho mil "sous", cantidad nada despreciable.

 

A finales del siglo XII y principios del XIII comenzaron a poblarse distintos puntos en las afueras de la ciudad a los que se llegaba por caminos que partían de las puertas de la muralla. Encontrándose la encomienda adosada a ésta, fue la ocasión para, mediante compras y permutas, hacerse con terrenos en esa zona y especular, al igual que lo hicieron familias económicamente poderosas como los Montcada. Se urbanizó el sector comprendido entre las actuales calles de Avinyó y Ramblas, correspondiente a las calles D'en Carabassa, D'en Serra, Dels Còdols y colindantes.

 

El puerto fue de especial interés en las actividades económicas de la Orden si bien está escasamente documentada en cuanto a negocios navieros. Existe constancia, sin embargo, del provecho que obtuvo la orden y de sus buenas relaciones con navegantes de la época, en especial con aquellos que seguían las rutas de oriente. A. J. Forey en "The Templars in the Corona de Aragón" apunta la existencia de un documento datado en 1282, con estipulaciones y convenio entre un armador y el Comendador del Temple para el transporte, presumiblemente a Tierra Santa, de cinco frailes y de 45 a 50 caballos y mulas.

 

Fueron muy numerosas las prebendas reales que recibieron desde diezmos hasta rentas anuales. Los acuerdos con propietarios de hornos y puestos de mercado, para vender los productos provenientes de sus explotaciones agrícolas y sus excelentes relaciones con banqueros judíos del vecino barrio del Call, ha llevado a algunos estudiosos a determinar que entre ambos colectivos constituyeron los motores económicos de la época.

 

Basándonos en descripciones documentales y algunas pinturas y grabados de mediados del siglo XIX obtenemos una visión, no muy coherente de lo que alguna vez fue esta encomienda. Se observan edificios demolidos y otros que, tras haber pasado por diversos propietarios, modificaron estructuras y dependencias. Hasta que llegado el año 1859 la piqueta acabara con todo resto arquitectónico y diese paso a la remodelación del barrio.

 

Puerta de la calle TimóSegún nuestras propias observaciones, creemos que el conjunto debió tener un perímetro aproximado de 450 metros, de los cuales unos 200 pertenecían al tramo de muralla al que se adosaron los primeros edificios. Constaba de un patio central con acceso directo a la capilla, edificios anexos a la misma y otros que fueron construyéndose aprovechando el contexto de la muralla romana. Aún hoy puede verse al fondo de la calle Timó, una puerta tapiada que, en su época, comunicó el recinto templario con la muralla y su acceso a la Puerta de Regomir.

 

De lo que fueron las construcciones de la encomienda barcelonesa solo queda en pie la capilla, edificada entre 1246 y 1248 por el Comendador Pere Gil, al serle concedido, por el obispo y el capitulo de Barcelona, el permiso para edificar una capilla y el cementerio. Actualmente atendida por los RR PP Jesuitas y conocida como "Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria", tiene entrada por la calle Ataülf número 4, a escasos metros de la calle Templers a su vez colindante con la calle Palau, nombres que nos dan el valor referencial de la existencia y la delimitación de lo que fue la encomienda.

 

De lo que fueron las construcciones de la encomienda barcelonesa solo queda en pie la capilla, edificada entre 1246 y 1248 por el Comendador Pere Gil, al serle concedido, por el obispo y el capitulo de Barcelona, el permiso para edificar una capilla y el cementerio.

 

Actualmente atendida por los RR PP Jesuitas y conocida como "Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria", tiene entrada por la calle Ataülf número 4, a escasos metros de la calle Templers a su vez colindante con la calle Palau, nombres que nos dan el valor referencial de la existencia y la delimitación de lo que fue la encomienda.

 

La iglesia consta de una sola nave y cabecera plana, orientada al sudoeste, inusual en la normativa medieval, que era de orientación levantina. Las edificaciones existentes condicionaron su construcción y orientación, siendo la longitud de la nave de 25 por 10'65 metros de ancho, con un grosor de muros de 1'5 metros. La cruzan cinco arcos ligeramente apuntados dividiéndola en seis sectores, con luz de igualmente 10'65 metros. Actualmente el ábside es semi-hexagonal, sin embargo originalmente era plano, con techo a dos aguas y soportado por vigas de maderamen. Es curioso constatar como en este convento urbano, quizás uno de los mas importantes del Principado, se optó por este tipo de construcción plana, de una sola nave, arcos diafragmados (que se observan en muchas capillas templarias) y cubierta de madera. Esto implica que se optó por formas autóctonas, contrastando con otras importantes iglesias de la Orden como las de París o Londres en las que sus plantas son radiales.