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El Panteón fue diseñado como un símbolo del cosmos según lo entendían los antiguos romanos. Por entonces predominaba la teoría de que la tierra era plana y se hallaba cubierta por una cúpula de estrellas y planetas. El templo resulta así una trascripción casi literal de la forma en que se representaban el universo. De acuerdo con este simbolismo, el suelo del edificio representa a la tierra y, la cúpula, al espacio. Cada una de las cinco filas de artesones simboliza el movimiento de un planeta y, el oculus, al sol.


Las relaciones geométricas siguen siendo, para los arquitectos de hoy, de fundamental importancia a la hora de proyectar edificios. En la antigüedad, cuando comenzaba a vislumbrarse la presencia abstracta de las matemáticas detrás de la realidad concreta, éstas empezaron a ser consideradas divinas puesto que los dioses también se encontraban detrás de todas las cosas. Esta cosmovisión originó que los arquitectos buscaran que sus espacios religiosos fuesen regidos por relaciones matemáticas y, de esta forma, lograr una unidad entre el hombre, el cosmos y los dioses. En el Panteón dicha unidad se manifiesta en el espacio centralizado, en el que la curvatura del muro sumada a la doble curvatura de la cúpula genera una sensación de estática continuidad. Si analizamos la geometría del espacio advertiremos su perfección.


La altura de la pared circular es igual a su radio y la cúpula es una semiesfera del mismo radio. De acuerdo con estas características el espacio podría contener una esfera perfecta. A su vez ésta se inscribiría dentro de un cubo. Por último, si desde el fondo de dos exedras opuestas entre sí, trazáramos líneas imaginarias hasta el centro de la cúpula, obtendríamos triángulos equiláteros. De todas las formas mencionadas, indudablemente la de mayor importancia simbólica es la esfera. Este cuerpo, por su continuidad sin rupturas, es el que mejor representa la perfección de lo divino.


El Panteón fue fuente de inspiración para numerosos edificios a lo largo de la historia. En su diseño se basó Andrea Palladio para la construcción de la Villa Rotonda, la cual originó muchas otras obras, sobre todo en Inglaterra y Estados Unidos. En Buenos Aires el modelo del Panteón fue tomado por los hermanos Canale para el diseño de la iglesia redonda de Belgrano.


El aspecto técnico del Panteón fue muy estudiado durante el Renacimiento. Brunelleschi se basó en sus estudios de este edificio para la construcción de la cúpula de la catedral de Florencia con la cual comenzó el Renacimiento. Lo mismo hicieron Bramante, Miguel Angel -para construir la cúpula de San Pedro-, Palladio y otros más.

 

El buen estado en que el Panteón ha llegado hasta nuestros días se debe a que no resultó afectado por los terremotos que destruyeron casi todos los edificios antiguos de Roma y a que, en 608, fue convertido por el Papa Bonifacio IV en iglesia consagrada a Santa María de los Mártires. Su nuevo nombre se debió a que fue destinado a albergar los huesos de los mártires, encontrados en las catacumbas. Posteriormente se convirtió en la última morada de Rafael, que pidió ser sepultado ahí, y de otros grandes artistas de la época. En tiempos más recientes fueron enterrados allí los primeros reyes de Italia.


En el transcurso los siglos XVII y XVIII su interior fue redecorado. Se volvieron a poner estatuas en los nichos y exedras aunque, como es de suponer, de temática cristiana. También se hicieron algunos cambios en los paramentos de mármol. Hoy lleva el nombre de Santa María Rotonda y, a casi mil novecientos años de su construcción, se nos presenta con todo el esplendor de los lejanos días del imperio.




Augusto Rocca, Arq.

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