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El Panteón



El Panteón de AdrianoA grandes rasgos, se puede afirmar que los griegos crearon una arquitectura de excelencia estética; del mismo modo, se puede aseverar que los romanos inventaron el espacio arquitectónico interior. Si los griegos se centraron en la belleza exterior de los templos para sus dioses, los romanos lo hicieron en el espacio interior de las termas y basílicas para sus ciudadanos. Para la construcción de estos espacios cubiertos, los romanos se valieron de las estructuras que heredaron de los etruscos –arcos, bóvedas y cúpulas-, a las cuales perfeccionaron en grado sumo, a la vez que embellecieron articulándolas con los elementos de la arquitectura griega.


El Panteón es una obra maestra de la arquitectura y un ejemplo de la magnificencia de los espacios romanos. La autoría del diseño se atribuye al mismo emperador Adriano, quien comenzó su construcción en 121 d.C., luego de que un incendio destruyera el Panteón original. Este había sido edificado por Marco Agripa como un templo dinástico en honor al emperador Augusto, ante cuyo rechazo fue dedicado al culto de todos los dioses, de ahí su nombre, en griego, pan: todos y theon: de los dioses.


El Panteón es un recinto circular cerrado, al que se accede a través de un pórtico rectangular de columnas. Originalmente, el edificio se encontraba flanqueado por columnatas que lo unían con el templo de Neptuno -ubicado enfrente- determinando una plaza o foro. Estas columnatas ocultaban parcialmente el exterior del recinto circular, con lo cual la apariencia exterior del Panteón se volvía bastante convencional. El efecto de sorpresa al entrar en el espacio circular debió haber sido aún más impactante de lo que es hoy. El pórtico de acceso fue construido con las columnas y el frontón del templo anterior, del cual conserva su inscripción “M AGRIPPA COS TERTIUM FECIT” (Hecho por Agripa en su tercer consulado). Presenta en su frente ocho columnas corintias que sostienen un entablamento sobre el cual se apoya un frontón triangular. El pórtico es bastante profundo, lo cual es un rasgo característico de los templos romanos que los diferencia de los griegos.


En el fondo del mismo, poco antes de pasar al interior de la nave, hay dos nichos u hornacinas que contenían las efigies de Augusto y Agripa. Una vez traspasado el acceso, se abre ante el espectador un espacio circular coronado por una enorme cúpula en cuyo centro hay un oculus u ojo cenital, de 9,1m de diámetro, por el que penetra la intensa luz del exterior. Esta cúpula de hormigón, con sus 43,3m de diámetro, era la más grande de la antigüedad. Para aligerar su peligroso peso, se va afinando hacia el centro -alrededor del oculus su grosor es de 10cm- y su masa está calada en cinco filas de artesones. Los artesones son cuadrados y se van profundizando en forma escalonada. Estos escalones, cinco en total, no son concéntricos sino que, diseñados teniendo en cuenta el punto de vista del espectador, presentan un corrimiento hacia arriba que los hace verse más armónicos. Los descomunales empujes laterales de la cúpula son contenidos por ocho pilares insertados dentro del muro perimetral de 6,1m de grosor.


Los ocho huecos formados entre los pilares dan lugar, uno, a la puerta de acceso y, los restantes, a siete profundos nichos o exedras. Estas son de forma semicircular o trapezoidal alternativamente y, en su origen, alojaban las imágenes de las siete divinidades celestes que, eran el sol, la luna y los cinco planetas conocidos en la antigüedad: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. Cada exedra presenta dos columnas corintias en su acceso que confieren un clima más privado al interior de las mismas, que apenas se puede entrever. Entre exedra y exedra, adosadas a los pilares, hay esculturas, cada una de las cuales se encuentra enmarcada por dos columnas corintias que sostienen un frontón.


El piso de la nave presenta una imperceptible convexidad, en el centro es 30cm más alto que en el perímetro, a los efectos de escurrir hacia el canal perimetral el agua de lluvia que entra por el oculus.


El Panteón está decorado con mármoles granitos y pórfidos traídos de los cuatro rincones del imperio. La cubierta del templo era de bronce hasta el año 655 en que fue remitida a Constantinopla y reemplazada por una de plomo. El frontón estaba decorado con un altorrelieve de bronce que, junto con las flores, del mismo material, que decoraban cada uno de los artesones de la cúpula, fue sustraído por Urbano VIII, el papa Barberini, para construir el Baldaquino de San Pedro. Esto, en su tiempo, dio origen a la frase “quod non fecerunt barbari, fecerunt Barberini” (lo que no hicieron los bárbaros, lo hicieron los Barberini).