Castaneda
Carlos Castaneda
Biografía
George Gurdjieff
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PeyoteEs difícil escribir algo nuevo sobre el universal Carlos César Castaneda Arana, sin que resulte una simple invención, una interpretación personal del articulista o sin que sea una crítica o una mitificación, de las que oscurecen cualquier realidad. Vamos a tratar, pues, de realizar un pequeño recorrido por su biografía reciente hasta donde los hechos verificados lo permitan. A partir de ahí, cada cual haga sus libres interpretaciones de lo que se le presente. Algunos de los datos que siguen han sido tomados de las investigaciones que Edith Stanley, Patrick Kerkstra y Scott Glover, investigadores del periódico norteamericano Los Angeles Times, han realizado sobre la reciente muerte de Castaneda. 

Su vida

El universal autor conocido bajo el nombre de Carlos Castaneda, autodenomindo brujo seguidor de las tradiciones chamánicas de los indios yaqui, norteamericanos, murió el 27 de abril de 1999 en Westwood, EE.UU., según comunicó su abogada Deborah Drooz, la cual se presenta como amiga del escritor y ejecutora de su testamento. 

A pesar de la espesa neblina y misterio -voluntariamente esparcidos- que envuelven la vida de Carlos Castaneda, se sabe que emigró a los EE.UU.

en el año 1951, y se dice que había nacido el día de Navidad del año 1925 en Sao Paulo (Brasil) o en Cajamarca (Perú), dependiendo de los relatos autobiográfícos que se quieran creer. Es muy probable que se tratara del hijo de alguna familia sudamericana que emigró a los EE.UU. a estudiar. En este sentido algunas voces, a mi juicio bastante autorizadas, afirman que su núcleo familiar tenía origen catalán y que su apellido real era Castañeda, apelativo bastante difundido en algunas comarcas catalanas que viene a significar "bosque de castaños", pero que al emigrar de Sudamérica a los EE.UU., y ante la ausencia del sonido y la grafía "ñ" en inglés, perdió su Castañeda familiar en favor de su nuevo Castaneda.

Por su parte, nuestro autor era un mentiroso y un tramposo sin límites y nunca arrepentido de ello, de ahí que la comunidad científica jamás le haya prestado una seria atención, a pesar de que en muchos momentos afirmó y reiteró que lo que relataba era cierto y que no había fantasía en ello. No obstante, y a pesar de que se diera crédito a sus narraciones, lo cierto es que los detalles de su biografía -tan rebuscados por investigadores detractores como por mitómanos seguidores- son una suma de puras hipótesis oscurecidas con toda meticulosidad. Nada está claro, empezando por la fecha de su fecha de nacimiento o por el lugar donde aconteció. Incluso hay serias dudas sobre la veracidad oficial de su nombre. Uno podría pensar que se trata justamente de la estrategia del brujo, que tantas veces él mismo había repetido en sus libros, para escapar al enquilosamiento de un pasado que va formando una costra encima de uno y cada vez le impide más vivir como un guerrero.

También se podría pensar que una persona como Castaneda se muestra elusivo ante la prensa y ayuda a forjar su propio mito haciendo desaparecer sus huellas del pasado hasta en los más mínimos detalles, pero que en algún nivel de su intimidad aparece un Carlos desenmascarado, pero resulta que no, que incluso alguien tan próximo a nuestro autor como el psicólogo Richard Yensen me comentó, cuando estuvimos juntos hace unas semanas, que Castaneda era un mentiroso permanente, que uno nunca podía fiarse de lo que decía. "Gran parte de la mística castanediana se basa en el hecho de que, ni tan sólo sus más íntimos amigos están seguros de quien es", escribió su ex-esposa Margaret Runyan Castaneda, en un memorial que se publicó en el año 1997 a pesar de que el propio Castaneda trató de impedir que se editara. Así pues, nadie puede esperar que la academia de científicos, preocupados por la verdad objetiva, mostrara la menor disposición a creer o a verificar algo salido de la pluma de un supremo mentiroso de los únicos aspectos comprobables de su propia vida.

Con independencia de quien fuera ese hombre, de su nombre de pila y lugar y fecha de nacimiento, lo cierto es que nuestro autor consiguió galvanizar y catalizar la atención mundial hace unos treinta años. Ya es ampliamente sabido que como trabajo final para obtener el título de doctor en antropología en la Universidad de Los Ángeles, Castaneda hizo lo que tantos estudiantes de antropología al acabar la carrera: escogió un tema, un lugar y una etnia sobre la que realizar la investigación necesaria para la Academia, pero lo que salió fue el rememorado viaje al desierto de Arizona, en México. Su intención inicial -si hemos de creernos su relato- se centraba en buscar y estudiar los efectos de determinadas plantas medicinales de uso tradicional entre los pueblos que habitan este árido y ancho rincón de mundo. Pero el destino nunca perdona: se paró en una ciudad fronteriza con el desierto de Arizona y allí, en la misma parada de autobuses de la compañía Greyhound, la más popular de los EE.UU., comenzó el cambio que le llevaría a transformarse como persona, a él y a una buena parte de la juventud occidental.

Una vez situado y sin saber lo que le deparaban los hados, en esta terminal de autobuses se encontró con un anciano indio de la etnia yaqui, supuestamente llamado Juan Matus, Don Juan, que decía provenir de Sonora, México. Si hemos de seguir creyendo la historia narrada por Castaneda, este anciano resultó ser un chamán que consumía plantas enteógenas, y las que usó para iniciar a su alumno y adentrarlo en un mundo oculto que sobrevivía desde hacía más de 2000 años. 

Bajo la dura, firme y sabia tutela del entrañable Don Juan, que duró a lo largo de bastantes años, nuestro autor experimentó los efectos del peyote, de diversas semillas enteógenas y de hongos probablemente psilocíbicos, conociendo vivencias y momentos de éxtasis supremo pero también de dolorosos y oscuros infiernos de pánico. Todo ello en un intento por conocer y vivir lo que denominó estados no ordinarios de realidad. Vagando por el desierto junto a su guía y maestro psicológico y etnobotánico (justo en las catalogaciones botánicas, lo único que se puede observar desde fuera, es donde Castaneda falla más), el antropólogo declaró haber visto insectos gigantescos, haber aprendido a volar con su nuevo pico, haberse transformado en cuervo y que finalmente, había triunfado en el propósito de alcanzar un nivel superior y más refinado de consciencia, en ser un hombre de conocimiento como lo era Don Juan.

Su tesis, publicada el año 1968 por la Universidad de California, se convirtió pronto en un éxito literario internacional. En ella tocaba la fibra adecuada y en el momento justo de la cresta de la ola de la joven cultura norteamericana de los años 1960, consumidora de substancias psicodélicas y románticamente enamorada de sus puros y sabios indígenas. El estilo de la obra inicial de Castaneda, estilo que ya nunca dejaría, era una curiosa y sugerente mezcla de alegorías universales, antropología, parapsicología, alquimia y filosofía budista, y -probablemente- una buena dosis de ficción. En mi opinión también hay una buena dosis de las enseñanzas que a principios de siglo difundiera G. Gurdjieff y su propio discípulo aventajado Ouspenski. Así fue como su primer libro, Las enseñanzas de Don Juan. Una vía yaki hacia el conocimiento, convirtió al anciano personaje de Don Juan en un nombre más que reverenciado entre los jóvenes y a Castaneda en un auténtico símbolo cultural.