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Santa María y la Madre Tierra

Análisis de "Los Misterios de la Obra Divina"

 

  

En la vida solemos leer de todo un poco y en ese transitar literario, confluyen ante nuestros ojos escritos singulares y de contenido sorprendente.

 

Tal es el caso de "Los Misterios de la Obra Divina", bibliografía compendiada de un curso dictado por el señor Kabaleb, en los años noventa en España; denominación personal que indiscutiblemente nos suena a pseudónimo.

 

Mas hagamos un poco de historia. Un año atrás, un editor de España tuvo la gentileza de enviar a quien escribe en carácter de obsequio, un volumen de 800 páginas, texto éste donde se analiza la lectura de los evangelios bajo una connotación esotérica, al tiempo que se los combina con la Kabbalah, las letras hebreas, el Árbol de la Vida y algunos elementos zodiacales. Hay una tendencia "Juanista" que nos acompaña desde el principio al fin de estos aludidos Evangelios. Juan encarna en ellos "la voz" del despertar de los hombres del Tercer Milenio. Es un heraldo de Nuestro Señor, al menos así lo pude interpretar.

 

El autor nos dice que los evangelios que admite la tradición son cuatro, como cuatro son los elementos y cuatro son las letras que forman el nombre divino Yod-He-Vav-He.

 

De acuerdo al estudioso escritor, el Evangelio de San Juan corresponde al fuego (cuatro elementos) el de San Lucas es el Evangelio del agua, el de San Marcos se enmarca como el Evangelio del aire y el de San Mateo es el Evangelio adjudicado a la tierra. El primero de los nombrados está destinado a producir la revelación, el segundo se dirige a los sentimientos, el tercero a la razón y el cuarto es un compendio de los tres primeros. Se presentan a la lectura en orden inverso, porque como es sabido, la lengua sagrada se escribe en sentido contrario a la profana, de derecha a izquierda, de modo que el último es el primero.

 

La Orden del Temple tuvo una vida oficial de 194 años, de 1118 a 1312. Durante esos casi dos siglos, 22 Grandes Maestres se sucedieron en la dirección de la Orden. Ese número 22 nos hace pensar, y el lector conocedor de las teorías de los números no se asombrará de lo que sigue: Son 22 los Arcanos Mayores del Tarot, son 22 las letras del Alfabeto Sagrado o alfabeto hebreo y son 22 asimismo las letras del alfabeto mágico de la R + C Pitagórica y Templaria

 

Dicho lo anterior, el número 22 forma pues un todo y ocupa un lugar importante en los ciclos ocultos de la humanidad. Pero prosigamos.

 

Tenemos que el Antiguo Testamento contiene, siempre de acuerdo a Kabaleb, nuestra historia espiritual pasada, mientras que el Nuevo Testamento posee el relato de nuestro desarrollo espiritual por venir, encarnado por la revelación de la Palabra de Cristo. De este modo debiera ser si las pautas previstas por la Divinidad hubieran sido vividas sumisa y ordenadamente por el hombre, pero habiendo cortado Adán las amarras que lo unían a dicha divinidad, la evolución tal cual la conocemos ha sido vivida a trompicones, dando consiguientemente un paso adelante y dos hacia atrás.

 

Uniendo importantes conceptos una cosa queda bien en claro y es que lo simbólico siempre deja su sedimento, cala hondo y a la postre descubrimos que contiene manifestaciones que en su momento no supimos discernir las que, con el correr del tiempo y algunos análisis de por medio se nos presentan más clarificadas. Una de ellas es cuando entendemos que el símbolo estuvo siempre allí, inmutable, y que, en tal carácter, tal vez fuimos nosotros quienes no lo supimos ver. Así como al leer un libro muchas veces se nos impone establecer alguna interpretación propia, pues notamos que el autor no nos lo ha dicho todo, prefiriendo por el contrario lanzarnos en su mar de letras hacia un final abierto, (lo que equivale a hacernos razonar mediante suposiciones) ocurre algo similar al observar una pintura y hacerlo empleando un sentido artístico, extrayendo el detalle más insignificante de sus sucesivas capas, de sus discretos fondos y sombreados, para finalmente sopesar el colorido alquímico a fin de entender al autor de la tela y su posible mensaje -(no olvidemos que los escultores y pintores de la antigüedad debían presentar sus obras a un mundo que por lo general no leía, sí en vez las apreciaba por lo que éstas podían transmitirle)- de igual modo sucede con las interpretaciones diversas de los Evangelistas respecto de la Palabra Divina. Así, hasta con un marcado sentido artístico, hermanada en la Kabbalah, las letras hebreas y el Árbol de la Vida kabalístico, entiendo quiso desmenuzar dicha Palabra, para que no cupiesen ya más dudas, el mencionado autor Kabaleb.