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BELVER DE CINCA (HUESCA)

SU PATRIMONIO HISTÓRICO-ARTÍSTICO Y ANTROPOLÓGICO

 


Coincidiendo con el escándalo de la venta de los bienes histórico-artístico del monasterio de Sijena a Cataluña en febrero de 1997, en el pueblo de Belver de Cinca, perteneciente a la franja catalano-aragonesa, se exhumaban restos humanos aparecidos en la iglesia parroquial: unos acabaron en una escombrera, otros en el cementerio. En ningún caso se hizo un estudio antropológico, perdiéndose una ocasión de oro para el estudio de su población.


Situado Belver en una amenísima vega, próxima al río Cinca (provincia de Huesca), el pueblo contaba en 1986 con unos 1500 habitantes. Es una de las muchas poblaciones que se ha visto involucrada en el tedioso conflicto en relación a los bienes de la franja catalano-aragonesa, por su dependencia eclesiástica, hasta fechas muy recientes, de la diócesis de Lérida.


Debemos a D. Francisco Castillón Cortada -párroco de Zaidín y estudioso de Belver- muchos de los datos documentales inéditos que permiten aproximarnos a su rico pasado histórico (publicados en "Ecos del Cinca" en 1975). Fueron las órdenes militares las que repoblaron casi todo el valle con sus veintiocho iglesias, siendo Belver fundación templaria (1240) y cuando esta orden fue disuelta en España (1312), la orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén ocupó su feraces tierras de cultivo.


La carta puebla de fundación de Belver por los templarios, publicada por Castillón, fue otorgada por el Comendador de Monzón Fr. +Pedro Ximeno el 2 de septiembre de 1240.

 

Contiene, entre otros, interesantes datos sobre la población: estaría compuesta por cristianos, musulmanes y judíos procedentes de los lugares próximos de Ficena y Orsuyera. Conservarían sus bienes de los lugares de procedencia pero tendrían que construirse sus nuevas casas en Belver.

 

Los cristianos debían de seguir pagando sus impuestos de novenas, diezmos y primicias (el 10% de sus cosechas) y los musulmanes procedentes de Ficena debían entregar al comendador la tercera parte de las cosechas procedentes de la acequia mayor y una décima parte de las cosechas procedentes de las tierras de secano. Durante tres años se les perdonaban deudas y obligaciones, como la de la "cabalgada" o deber de acudir a la rápida correría de devastación (casi siempre contra el poder musulmán).


A comienzos del siglo XIV, cuando los templarios se ven envueltos en el famoso proceso de disolución de la orden, rendidos los Castillos templarios de Monzón y Chalamera, Belver jugó un papel de triste memoria como lugar de encierro y prisión de los frailes de la encomienda.

 

La prisión de los templarios tuvo lugar en el castillo de Belver, que Castillón Cortada identifica con la antigua "casa del comendador", actual casa Camilo. Sus grandiosos sótanos son una auténtica mazmorra del siglo XIII, también denominados "cárceles del comendador". Finalmente, los templarios presos en Belver fueron a parar a Chalamera, Gardeny, Zaragoza y Barcelona. Belver con todo su territorio vendrá a poder de la orden hospitalaria de los sanjuanistas. A finales del siglo XIII y durante el XIV estas órdenes se habían convertido en importantísimas organizaciones económicas, incluida su capacidad de prestamistas (los bancos de la época actual).


Disuelta la Orden del Temple, Belver vio frenado su desarrollo inicial pues no recibió carta de población hasta el 24 de abril de 1469. No obstante, los sanjuanistas eran poderosísimos en tierras, ganado y posesiones diversas - molinos, hornos, granjas, iglesias, castillos, etc.- y de ahí la necesidad de crear la Castellanía de Amposta de la que dependían todas la encomiendas de la región: de la de Monzón nació la de Chalamera-Belver y Calavera-Valonga. En 1328 estuvo en Belver el rey Alfonso IV, el Benigno, estancia que repitió en 1333, confirmando los privilegios otorgados a la orden sanjuanista en 1329.


Con la nueva orden el palacio del comendador sanjuanista fue edificado en la calle Mayor sobre la base del castillo templario junto al portal de la villa (casa Camilo). La capilla del comendador, dedicada a San Juan Bautista, estaba situada hasta el siglo XVIII en la actual calle de San Juan (hoy no queda ningún resto).


Belver comienza a recuperar su pulso perdido con la "Carta de Población" de 1469 concedida por el Castellán de Amposta. En ella se reconocía que el lugar se había despoblado y que entre los derechos de sus pobladores estaba el de trillar en las eras, utilizar el molino, usar el torno de aceite y la huerta, propiedades del comendador. Entre los derechos del mismo estaba el tributo de la "alfarda" o contribución de los mudéjares y judíos y el derecho de "fadiga" por la cual el comendador no podía vender las tierras en posesión de los vecinos. En la carta se cita a tres vecinos de Belver con sus oficios: Adam Bonafeu, herrero; Johan, fustero -carpintero- y Monzarat, alarife -albañil- o cantero. ¿Estaría alguno de ellos enterrado en la iglesia parroquial? Quizá de templarios y sanjuanistas pueden proceder algunos de los cuerpos exhumados.