Montserrat Robreño
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  I

Las Vírgenes Negras no son negras

 

Solo pueden ser realmente negras las tallas realizadas con materiales oscuros como podría ser la ebonita, el mármol negro o la caoba. Dado que la mayoría de las vírgenes que se consideran negras, no están talladas en estos materiales, todas deben su color a la pintura, barniz, betún de judea o lacado, todo sin motivo aparente alguno. Sobre el color oscuro de las tallas, que en algunos casos es de un negro brillante y en otros un simple oscurecimiento, nos han dado muchas explicaciones si bien hay tres que se podrían considerar como las más extendidas.

 

La primera de estas explicaciones, que durante muchos años ha sostenido la Iglesia ante las preguntas de sus feligreses,  aseguraba se debía al humo desprendido de los cirios que, de tan cerca que los habían colocado de la imagen, ésta se había ennegrecido. Sería una explicación muy válida si no fuese que existen cientos de vírgenes con idénticas características, extendidas a lo largo y ancho de Europa, ya que 500 son demasiadas tallas para sufrir idéntico deterioro. Como hemos dicho antes, que no creemos en la casualidad sino en la causalidad, 500 casualidades son demasiadas para ser casuales y no causales. Muchas, aún conservan parte de la policromía que tuvieron de origen y ésta no se ha visto afectada más que por el lógico paso del tiempo y algún que otro acto vandálico. Por lo tanto, no podemos dar por válido el deterioro de la policromía y / o la mala calidad de la pintura utilizada, pues hubiese quedado la talla deteriorada por un igual con el humo o cuando menos la parte inferior de la imagen, la más próxima al cirio.

 

Al seguir consultando con la Iglesia un porqué menos pueril, obtuvimos una respuesta que era solo un vano intento de hacer creíble lo increíble. El argumento está pensado para feligreses con un cierto nivel de cultura, pero escasos conocimientos de química. Nos explica que estas tallas habían estado recubiertas de plata y que debido a la oxidación de la plata, la madera se ennegrecía. Si el recubrimiento de plata, hoy en día ha desaparecido, pero el fervor popular no, sería lógico preguntarse porqué lo quitaron en 500 tallas a la vez, como si fuese una consigna de suma importancia. Detengámonos un momento a hablar sobre la plata. Elemento químico con el símbolo Ag, pertenece al grupo III de los elementos de transición en la Tabla Periódica. A este grupo pertenecen también el cobre y el oro. Estos tres elementos han sido utilizados desde la antigüedad porque suelen encontrarse en estado puro en la naturaleza y, por sus propiedades anticorrosivas, se usaron para la fabricación de monedas. Tienen bajo potencial de oxidación lo que los hace escasamente reactivos. La plata pura no es de color plata, sino casi blanca y lo que la hace brillar es su aleación con cobre o en el caso de los “baños de plata” en disolución como amonio de plata. La plata desde hace miles de años ha sido utilizada por sus propiedades antibacterianas y bactericidas, de ahí que las familias ricas de la antigua Roma ya utilizaran vasijas de plata para el poner agua, pues en poco tiempo las bacterias que contuviese eran destruidas por la plata. Este uso, que conocían no lo podían explicar con los conocimientos químicos que hoy tenemos, pero con ella fabricaban la mayoría de los utensilios para comer como platos, copas, cubiertos, etc. Lógicamente solo las familias con elevado poder adquisitivo podían tener en sus hogares vajillas y cuberterías de plata, por lo que su uso quedaba restringido a la nobleza. El contacto continuado con la plata tiñe la piel de un tono azulado y éste es el origen de la famosa “sangre azul”, distintivo de la nobleza.

 

Sin embargo, esta reacción que la plata tiene sobre la piel humana, no la tiene sobre la madera ni la piedra por lo que la explicación del recubrimiento de las imágenes de plata deja de tener sentido. Solo mirando cientos de imágenes, sean blancas o negras, nos damos cuenta de que el fervor popular no quiere empobrecerlas sino enriquecerlas. Las vemos coronadas de oro y plata, con gemas, collares de perlas y mantos ricamente bordados que en muchas ocasiones triplican el tamaño de la imagen; pero la talla, para los fieles tiene ese especial carisma de lo intocable, de lo divino, de lo puramente celestial que manos humanas no se atreverían a tocar.

 

Por muchas explicaciones que nos den en este sentido, seguiremos sin comprender porqué quedaron deterioradas por la plata o los cirios y es que ese porqué no existe; nunca los cirios ennegrecieron las tallas y no todas las imágenes tuvieron recubrimientos de plata, serían demasiadas imágenes y demasiada plata para poner y quitar por toda Europa; estamos hablando de aproximadamente unas 500 tallas. 


La tercera explicación, más moderna, mejor elaborada y lógica es la que determina que estas tallas son representaciones de diosas-madre o madre-tierra, reminiscencias de antiguos cultos a la fertilidad. Esta teoría se sustenta fuertemente por la zona en que se encuentran, generalmente sobre o cerca de templos pre-cristianos y a la relación que su culto tiene con la familia, felicidad, salud, fertilidad, etc. No todas estas tallas, llevan el niño sentado o presentado sino que algunas solo son ellas las fértiles. Las mayoría muestran al niño como producto de su fertilidad resaltándose ellas como reinas y la figura principal del conjunto. Si no hubiesen unos puntos que las relacionaran entre sí y otros que las separan de cultos primitivos, esta teoría sería absolutamente válida, creíble y lógica. Algunas de las vírgenes que se consideran negras, pertenecen a este grupo de representación de diosas pre-cristianas simbolizando principalmente a Isis, Artemisa o a cultos celtas o íberos.

 

La coloración negra vendría condicionada por el color oscuro de la tierra fértil buena para el cultivo y la vida humana en los primeros asentamientos recolectores y posteriormente agrícolas. Esta idea no es en absoluto descabellada, ya que daría una explicación a muchas de las “advocaciones” de estas vírgenes. Las diosas madre o madres tierra, eran diosas lares, cercanas a la familia, regentes del hogar, la salud, la enfermedad, la felicidad y todo lo relacionado con la vida del hombre en la tierra y como miembro de una sociedad o entidad familiar. ¿Por qué estas tallas aparecían a las afueras de las poblaciones y no eran el centro de ellas para proteger a toda la comunidad? Las poblaciones, crecen de forma concéntrica desde un punto que generalmente lo ocupa el lugar de culto, la fuente de agua para proveer a la población y la plaza en donde se reunían para decidir sobre sus problemas comunes y celebrar los grandes acontecimientos.

 

Si desde tiempos remotos las diosas lares, fértiles y madres eran oscuras y ese culto debería haber perdurado en la población, el porqué la mayoría de las vírgenes negras de idénticas características solo aparecen tras la primera cruzada, es algo en lo que debemos poner atención. No estamos hablando de tallas similares en lugares cercanos sino de alrededor de  500 imágenes que han de ser la representación de esos cultos pre-cristianos con las mismas proporciones e idénticas características en lugares tan alejados entre sí como Malta de Cádiz o Bélgica de Chipiona. Los cultos pre-cristianos, efectivamente, están relacionados con las grandes diosas madres y si seguimos atentamente el desarrollo de estos cultos, como bien explica Francisca Martín-Cano, veremos que las advocaciones eran astronómico-agrícolas y seguían la evolución de las estaciones para la recolección. La posición de los astros en el firmamento, son la clave para definir las estaciones y solsticios; el tiempo de la recolección o la caza, actos que siempre llevaban a cabo las mujeres del clan familiar o tribal.

 

Los templos o centros de culto, desde tiempos inmemoriales se han construido sobre zonas telúricas y en ellas siempre han existido grandes templos. No solo las grandes vetas telúricas son fácilmente detectables por el ser humano, sino que otras, de menor intensidad también lo son, aunque muchas veces no seamos conscientes de ello. Algunos lugares, nos hacen sentir paz, sosiego y hasta a veces un escalofrío que nos recorre el cuerpo. No es nada que la ciencia no pueda explicar, son las cargas eléctrico-magnéticas o telúricas. Las corrientes de agua subterráneas, tienen una carga eléctrica importante ya que el agua es un gran conductor de la electricidad, por lo que en cualquier zona en la que exista agua subterránea, el flujo de electrones será mucho más rápido que a través de la roca. Las vetas telúricas no son más que pliegues o corrientes subterráneas que canalizan el flujo eléctrico bajo la corteza terrestre. En los puntos en que estas vetas confluyen o se cruzan, el flujo de electrones es mucho más intenso y éstos chocan entre sí creando efectos de reverberación. Son, los grandes enclaves religiosos del mundo, de cualquier religión y en cualquier época. Allí en donde nos sentimos a gusto con nosotros mismos nos sentimos más cerca de la divinidad, sea ahora o en los tiempos más remotos de nuestra historia.