Maestros Iniciados
La Iniciación
Hermes Trismegisto
Apolonio
Roger Bacon
Arnau de Vilanova
Nicolas Flamel
Agrippa
Paracelso
Éliphas Lévi
René Guénon
Fulcanelli
Tenzin Gyatso
Volver a Inicio
Google


PDF Imprimir E-mail

 

Hermes TrismegistoHermes Trismegisto (del griego: ρμς Τρισμέγιστος, "tres veces-gran Hermes"; y del latín: Mercurius ter Maximus, es considerado como el padre del tipo de saber que lleva su nombre: el hermetismo, pero hay que hacer una aclaración con respecto a este tema, y es que no se trata de un único autor, sino de varios, tal vez un grupo de iniciados, lo cual se comprende fácilmente porque de lo contrario, tendría que haber escrito día y noche para producir los 2.000 libros que se conocen de él. El nombre Hermes quiere decir Mercurio, el mensajero de los dioses (para los egipcios, Dyehuty (Thot), el dios de la sabiduría, patrón de los magos) y Trismegisto es una palabra griega que significa “Tres Veces Grande”.

 

Los enigmas relacionados con su actividad propiciaron el surgir de la literatura hermética (Hermes tiene el "poder de la palabra", conoce las fórmulas mágicas) sólo asequible a los iniciados en las revelaciones del dios. A los escribas que accedían a su saber se les conocía como "sacerdote-lector". A Dyehuty se le veneraba en Hermópolis Magna.

 

Los libros atribuidos a Hermes se encuentran en el Corpus Hermeticum. La tradición cristiana medieval lo venera como protector y guía de los hermetistas, que practican las ciencias de la alquimia, la magia y la astrología. Se le atribuye la redacción de la Tabla de Esmeralda.

 

Entre su sobras más destacadas están: “El Poimandres”, “El Kybalión”, ciertos libros de poemas sueltos y “El Libro a la Salida de la Luz del Día”, también conocido como “Libro de los Muertos”, por haberse encontrado ejemplares de él dentro del sarcófago de las momias de algunos destacados egipcios.

 

Fueron los colonizadores griegos en Egipto, en la antigüedad, quienes identificaron a uno de sus dioses, Hermes (en latín Mercurius) mensajero alado y conocedor del arte de curar, con Thot, el Tres veces grande, del Antiguo Egipto. Thot era el dios de la escritura y de la magia, siendo venerado al igual que Hermes, como "psicopompos".  

 

El psicopompo es un ser que en las mitologías o religiones tiene el papel de conducir las almas de los difuntos hacia la ultratumba, cielo o infierno. La voz proviene del griego ψυχοπομπóς (psychopompós) que se compone de psyche, "alma", y pompós, "el que guía o conduce".

 

La figura de Hermes Trismegisto se asocio también a un faraón legendario que había dotado al pueblo egipcio de más de 30.000 volúmenes que contenían todos los conocimientos naturales y sobrenaturales, entre ellos la escritura jeroglífica. Había transmitido los mandamientos divinos de su arte en la "Tabla Esmeralda". Esa "tábula smaragdina" hoy día data entre los siglos VI y VIII de nuestra Era, andaba por el Occidente cristiano a partir del Siglo XIV, en traducciones del árabe.

 

Su legado

 

Hermes Trismegisto, Hermes Tres Veces Grande como se traduce su nombre, reaparece hoy en la historia y la vida cotidiana luego de siglos de ocultamiento.

 

De sus legendarios millares de escritos, han llegado hasta nosotros, dieciocho tratados redactados en griego, y uno más conservado en latín llamado "Asclepio" o Esculapio.

 

Quedan de ellos una treintena de manuscritos de copistas de los siglos XIV al XVII que constituyen lo que técnicamente se llama el "Corpus Herméticum" o Biblioteca Hermética.

 

En su conjunto testimonian de cuánto fue leído y releído en la Edad Media y Moderna, especialmente por sus adeptos, los "filósofos de la naturaleza", "filósofos herméticos" o alquimistas. Hasta nuestros días, su nombre vulgarizado, sirve para indicar lo oculto, secreto y sellado, lo hermético, lo que es difícil de penetrar y lo que se conserva vivo mucho tiempo.

 

Los redactores del corpus hermeticum lo presentan como una traducción de libros egipcios atribuidos a Hermes, nombre griego del dios Thot, escriba de los dioses, y como tal, revelador de conocimientos arcanos. Iámblico, que vivió en la segunda mitad del siglo II d. de C. y murió hacia el año 330, en su libro "Los Misterios Egipcios", nos dice al respecto:

 

  • "Hermes, dios que preside las palabras, es considerado desde antiguo como propio de los sacerdotes sagrados y su común inspirador. Protector del verdadero conocimiento y ciencia de los dioses, es uno y el mismo en todas partes: es aquel al que nuestros ancestros atribuían todos sus hallazgos de sabiduría, y ponían bajo el nombre de Hermes todos sus escritos."

 

  • "... Los libros que circulan hoy bajo el nombre de Hermes contienen la doctrina hermética, bien que el texto haga uso frecuente de expresiones filosóficas, precisamente porque fue traducido del egipcio por gente que no ignoraba filosofía."

 

Y testimonia de la antigüedad de la enseñanza contenida en sus escritos al decir:

 

  • "... las antiguas estelas de Hermes, que ya Platón anteriormente y Pitágoras habían leído y considerado para dar forma a sus propias filosofías..."

 

Francisco Daumas, en su obra "Los Dioses de Egipto" dice:

 

 

  • "Los griegos, para quienes Thot era Hermes, tradujeron un epíteto egipcio que debía significar "siempre grande" y lo denominaron Trismegisto: "tres veces grande".

 

 

  •  "Con ese nombre han llegado hasta nosotros una serie de tratados filosóficos, denominados herméticos, escritos en griego y sin duda teñidos de neoplatonismo.

 

Estos tratados trasmiten sin embargo, una parte muy apreciable de viejas especulaciones egipcias, hasta tal punto que se ha creído ver en ellos una traducción pura y simple de los libros filosóficos egipcios mencionados por Clemente de Alejandría al referirse a los conocimientos que debían adquirir los sacerdotes."

 

Una última observación: los libros de Hermes no son "filosofía", ni pertenecen a ninguna escuela. Son un texto sagrado como el I Ching, como la Biblia, como el Libro de los Muertos egipcio, como los Vedas y los Upanishad.

 

Como los símbolos y los mitos, habla el lenguaje del espíritu y de la inteligencia, más allá del Tiempo, en el instante Eterno e incomprensible del entender, del darse cuenta y del tomar conciencia. Del instante cuando se hace la Luz, a la que sigue el recuerdo de lo que una vez entendí, y de que estoy seguro de que así fue, y que lo guardo en la memoria y en la Pistis, la Fe, que es la Piedra firme sobre la que se puede construir una Morada segura.

 

Luego vendrá el Tiempo, el devenir de la Razón, del Logos, que establece las diferencias, controla las fantasías y separa la paja del grano, que emite hipótesis y tesis, que desarrolla la Luz, para decirlo en términos de Hermes, "en un Cosmos infinito de arquetipos", de infinitos posibles, de "Todo lo que ha sido, es y será, y de lo cual ningún mortal jamás alzó el Velo".

 

Porque como todo libro sagrado, la Revelación que nos trasmite, viene mezclada con fantasías y características propias del que la trasmite: no es un credo ciego, sino proposiciones a comprender e interpretar.