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ParacelsoTheophrastus Philippus Aureolus Bombastus von Hohenheim, conocido como Paracelso nació en Einsiedeln, Suiza el 11 de noviembre o 17 de diciembre de 1493 y murió en Salzburgo el 24 de septiembre de 1541, fue un alquimista, médico y astrólogo suizo.

 

El nombre Paracelso (Paracelsus, en latín), que escogió para sí mismo y por el que es generalmente conocido, significa «superior a Celso», un médico romano del siglo I.

 

Su madre era suiza. Se educó en Suiza, y en su juventud trabajó en las minas como analista. Comenzó sus estudios a los dieciséis años en la Universidad de Basilea, y más tarde en Viena. Se doctoró en la Universidad de Ferrara.

 

Sus estudios y sus consejos revolucionaron el mundo de la medicina que por aquellos tiempos seguía las teorías del médico griego Galeno, según las cuales, las enfermedades se debían a un desequilibrio de los fluidos corporales (humores) y se debían curar por medio de sangrías y purgas. Rebatió dichas creencias con gran firmeza y trató de convencer a sus colegas de que las enfermedades se debían a ciertos agentes externos y ajenos al cuerpo a los que se podía atacar con la ayuda de determinadas sustancias químicas.

 

Estaba contra la idea que entonces tenían los médicos de que la cirugía era una actividad marginal relegada a los barberos.

 

Sus investigaciones se volcaron sobre todo en el campo de la mineralogía. Viajó bastante, en busca del conocimiento de la alquimia. Produjo remedios o medicamentos con la ayuda de los minerales para destinarlos a la lucha del cuerpo contra la enfermedad. Otro aporte a la medicina moderna fue la introducción del término sinovial; de allí el líquido sinovial, que lubrica las articulaciones. Además estudió y descubrió las características de muchas enfermedades (sífilis y bocio entre otras) y para combatirlas se sirvió del azufre y el mercurio. Se dice que Paracelso fue un precursor de la homeopatía, pues aseguraba que «lo parejo cura lo parejo» y en esa teoría fundamentaba la fabricación de sus medicinas.

 

Lo que le importaba a él en primer lugar era el orden cósmico, que encontró en la tradición astrológica. La doctrina del Astrum in corpore es su idea capital y más querida. Fiel a la concepción del hombre como microcosmos, puso el firmamento en el cuerpo del hombre y lo designó como Astrum o Sydus. Fue para él un cielo endosomatico cuyo curso estelar no coincide con el cielo astronómico sino con la constelación individual que comienza con el «Ascendente» u horóscopo.

 

Se le atribuye la paternidad del término Espagiria. Palabra atribuida a Paracelso ("Spagyria") del griego "spaô", "extraer" y "ageirô" reunir. Fue usado como sinónimo de Química.

 

Paracelso dijo lo siguiente en su Opus Paramirum :

 

...por eso aprende la Alquimia, que de otro modo es llamada Espagiria,  ella enseña a separar lo falso de lo justo”. 

 

Los medicamentos espagíricos se componen de tinturas principalmente vegetales obtenidas en fechas determinadas de acuerdo a las influencias astrológicas.


En este punto se diferencia de la fitoterapia y de la medicina Homeopática, que no toma en cuenta estas influencias.

 

Uno de los principios de Paracelso fue: «Únicamente un hombre virtuoso puede ser buen médico»; para él la medicina tenia cuatro pilares:

 

  • Astronomía

  • Ciencias naturales

  • Química

  • El amor

 

Introdujo el uso del láudano. Su principal libro fue La gran cirugía (Die Grosse Wundartzney).

 

A pesar de que se ganó bastantes enemigos, y obtuvo fama de mago, contribuyó en gran manera a que la Medicina siguiera un camino más científico y se alejase de las teorías de los escolásticos.

 

También aportó datos alquímicos. A Paracelso le atribuimos la idea de que los cuatro elementos (tierra, fuego, aire y agua) pertenecían a criaturas fantásticas que existían antes del mundo. Así pues, la tierra pertenecería a los gnomos, el agua a las nereidas (ninfas acuáticas), el aire a los silfos (espíritus del viento) y el fuego a las salamandras (hadas de fuego).

 

Igualmente, Paracelso aceptó los temperamentos galénicos y los asoció a los cuatro sabores fundamentales. Esta asociación tuvo tal difusión en su época que aún hoy en día, en lenguaje coloquial, nos referimos a un carácter dulce (tranquilo, flemático), amargo (colérico), salado (sanguíneo, dicharachero) y el carácter ácido pertenecería al temperamento melancólico.