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Cruz de MaltaConstatado está que muchos templarios en fuga fueron acogidos por el resto de órdenes militares y hasta monásticas, de entre estas últimas de forma especial por sus hermanos del Císter. En Alemania la mayor parte de los templarios ingresaron en la Orden Teutónica, teniendo un papel relevante en el posterior desarrollo de dicha orden. En España muchos templarios fueron acogidos por las diversas órdenes nacionales, como Calatrava, Santiago, Alcántara y, al igual que en el resto de Europa, por sus antiguos rivales de la Orden de los Hospitalarios de San Juan, a la que además, por bula papal, le fue adjudicada la mayor parte de los bienes templarios. Pero el trasvase más importante de elementos templarios se produjo a las recién fundadas órdenes de Montesa, en la propia España, y de Cristo, en Portugal. Y es que, como ya veremos más adelante, estas órdenes fueron constituidas ex profeso por los monarcas de los reinos de Portugal y Aragón para recibir los bienes (y caballeros) de la Orden del Temple. En España, se sabe incluso de cofradías de constructores a las que se incorporaron los templarios, así como otras de carácter religioso (y hasta militar) que se constituyeron misteriosamente en antiguos enclaves templarios tras la disolución del Temple, haciéndose cargo de las reliquias, cultos y hasta templos que estos debieron abandonar precipitadamente. También es un caso digno de reseñar de entre los antiguos templarios españoles el de Roger de Flor y sus "Almogávares", ex caballeros del Temple convertidos en mercenarios cuyas gestas bélicas fueron notorias por todo el Mediterráneo.

 

Es a partir del siglo XVIII, tras el resurgimiento de la Masonería como actividad ilustrada y especulativa, cuando ésta incorpora a los ritos de sus diversas obediencias su origen templario, que, por otra parte, ya venía reclamando desde su fase anterior. De hecho, la principal obediencia de la Masonería universal considera la tradición templaria como núcleo del más venerado de sus rituales, y existen, además, ramas, ritos y agrupaciones templarias en diversos países del mundo.

 

Pero además, es precisamente esta tradición masónica la que nos habla del sucesor de Jacobo de Molay en la figura del Caballero Johannes Marcus Larmenius, cuyos seguidores dejaron de ser monjes-caballeros y se convirtieron en una orden meramente caballeresca, y en todo caso ecuménica.

 

En La Revelación de los Templarios, Lynn Picknett y Clive Prince mencionan cómo en 1804 el doctor Fabré de Palaprat funda la OSMTJ, Orden Soberana y Militar del Temple de Jerusalén (erróneamente citada en el libro como "Antigua" en lugar de "Soberana"), afirmando estar autorizado por la "Carta de Transmisión de Larmenius". "De ser esto cierto –señalan Picknett y Prince -, constituiría una buena prueba de que Fabré de Palaprat era realmente del auténtico linaje templario, porque esta certificación fue escrita supuestamente en 1324 por Larmenius, quien recibió del mismo Jacobo de Molay el nombramiento de Gran Maestre. También se dice que el documento lleva las firmas de todos los Grandes Maestres subsiguientes de la Orden..."

 

Por su parte, el escritor soriano Ángel Almazán, estudioso del Temple, sostiene que Beltrán Duguesclin (1314-1380), el famoso mercenario bretón que intervino en la guerra fratricida que enfrentó en Castilla a Pedro I "el Cruel" y a su hermano Enrique de Trastamara, habría sido, muy posiblemente, Gran Maestre del Temple refundado, a partir de 1357. A este respecto, no deja de resultar curioso que la organización militar de sus "Compañías Blancas" (llamadas así por las capas de este color que ostentaban) fuese similar a la templaria. Como no menos curioso es que, con la muerte de Pedro I, rey contra el que combatió Duguesclin a favor de Enrique de Trastamara, se extinguiera la dinastía de Fernando IV "el Emplazado", monarca que, al igual que hiciera Felipe IV "el Hermoso" en Francia, persiguió y expolió al Temple en su reino de Castilla.

 

Para mayor significación, al igual que Felipe IV de Francia, Fernando IV de Castilla también había sido "maldecido" y su muerte anunciada (de ahí su sobrenombre de "el Emplazado") por dos antiguos caballeros templarios, los hermanos Carvajal - por entonces ya acogidos en la Orden de Calatrava -, antes de que éstos fueran injustamente condenados a muerte en Martos, Jaén, el 8 de agosto de 1312. Circunstancias a las que habría que añadir el hecho de que las "Compañías Blancas" de Duguesclin protegieran al cismático Papa Luna, que terminaría sus días recluido en el antiguo castillo templario de Peñíscola, por entonces en poder de la Orden de Montesa, heredera del Temple en el Reino de Valencia. Todo induce a pensar que con el pontificado del español Pedro de Luna, el Temple secreto intentó llevar a cabo su ideal sinárquico universal.

 

No vamos nosotros a entrar en la polémica sobre la posibilidad de que la "Carta Larmenius" sea una falsificación, pero lo cierto es que la OSMTJ asegura que la misma existía por lo menos cien años antes de su publicación por Fabré de Palaprat, cuando Felipe, duque de Orleáns y futuro regente de Francia, la invocó al efecto de justificar su autoridad para reunir en Versalles a los miembros dispersos del Temple. Este acontecimiento, de ser cierto, sería una prueba de la continuidad de la presencia templaria en Europa.

 

Hay fuentes que señalan al jesuita Bone como aquel que confeccionó y dio a conocer en el siglo XVIII la relación de los grandes maestres del Temple a partir de Jacobo de Molay. Una "invención" que habría tenido como objeto la naciente sociedad Resurgimiento de los Templarios, que precisamente fue la que constituyó el duque Felipe de Orleáns.

 

Cruz de SantiagoCon el estallido de la Revolución, la sociedad pasó a denominarse Cabeza de Toro (nombre simbólicamente asimilable a la cruz esotérica templaria Tau), teniendo por Gran Maestre al duque de Cosse-Brisac, al que sucedió precisamente el francmasón Fabré de Palaprat. Se cuenta que el 21 de enero de 1793 un espectador subió al estrado donde acababa de ser guillotinado Luis XVI y, tras mojar los dedos en la sangre del rey muerto, salpicó con ella a la multitud gritando: "¡Yo te bautizo, pueblo, en nombre de la libertad y de Jacobo de Molay!", y se dice que algunos incluso corearon: "¡Jacobo de Molay, está vengado!".

 

Implantado el Imperio napoleónico, los supervivientes de la sociedad, que había sido disuelta por la Comisión Ejecutiva Revolucionaria, reeligieron al doctor Fabré de Palaprat, siendo el propio Napoleón el que favoreció a la Orden. Incluso hay autores, como Michel Lamy y otros, que nos presentan al mismísimo Napoleón como uno de los herederos de los conocimientos de la Orden. De hecho, según algunas fuentes se habría apoderado de la documentación que sobre el Temple tenía el Vaticano.

 

Por otra parte, muchos de los templarios perseguidos en 1317 en Francia y que no pudieron huir en la flota se refugiaron en las logias francmasónicas de constructores vinculadas al Temple.