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Violaciones de los derechos humanos



Para la mayoría de la población musulmana, la religión mandea no es una "religión del libro", tal como se mencionan en el Corán, y por lo tanto los Mandeos no gozan de la protección de la comunidad islámica. Los Mandeos tampoco gozan del respeto de las comunidades cristianas, así que en el siglo XIX los misioneros portugueses intentaron el desplazo forzado de los Mandeos de Irak hacia Muskat, Goa o Ceylan para facilitar su conversión al catolicísimo.



Las hostilidades contra los Mandeos aumentaron después de la toma de poder de Saddam Hussein en 1979. Entre 1991 y 1993 los Mandeos de la región de Marsh (región pantanosa en el sur de Irak) fueron víctimas de una verdadera campaña de eliminación. El régimen intervino con increíble violencia contra los habitantes de las ciénagas de Bassora, Samara y Nassiriya. Los Árabes de Marsh, que vivían en aquellas zonas desde hace 5.000 años, fueron las principales víctimas de la violencia del régimen. Después de las rebeliones de los Sciitas a conclusión de la segunda guerra del Golfo en 1991, muchos rebeldes y disertadores se refugiaron en los 150.000 km2 de ciénagas. Saddam Hussein aprovechó del hecho para sanear toda la región. La medida afectó también a la comunidad mandea que disminuyó de 5.000-7.000 personas a 1.000-2.000 creyentes. Fueron destruidos todos los centro de culto y los Mandeos, que habían vivido en aquellas zonas desde el siglo V d. C., perdieron su patria. Los supervivientes huyeron a las mayores ciudades de Irak.



La situación de los Mandeos se volvió aún peor después de la caída de Saddam Hussein en 2003. Desde el 2003 han aumentado los homicidios de los creyentes mandeos, las violaciones de mujeres y muchachas mandeas, las humillaciones públicas y las conversiones forzadas. Mientras las violaciones de mujeres mandeas casi no son castigados, pues las mujeres víctimas son consideradas no creyentes, también aumentan las discriminaciones contra los Mandeos en general: despidos injustificados, expropiaciones, arrestos y exclusión de encargos públicos. Las mujeres están obligadas a cubrirse la cabeza y durante la última guerra en Irak los hombres estaban obligados al servicio militar.


A menudo los Mandeos se sienten obligados a negar su credo y sus tradiciones, que equivale a cometer uno de los peores pecados. Ellos se convierten "voluntarios" al Islam y por miedo de persecuciones y humillaciones adoptan nombres musulmanes. En 2003 el líder sciita y jurista Al-Hakeem publicaba en su homepage la convicción que los Mandeos tenían que ser matados o obligados a la conversión al Islam. Centenares de familias mandeas huyeron a Siria o Jordania, donde viven en condiciones desesperadas.