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El priscilianismo fue la doctrina cristiana predicado por Prisciliano en el siglo IV, basada en los ideales de austeridad y pobreza. Fue condenado como herejía en el Concilio de Braga, en el año 563. Anteriormente fue discutido en el Primer Concilio de Toledo, en el año 400.

 

Prisciliano ObispoAdemás de instar a la Iglesia a abandonar la opulencia y las riquezas para volver a unirse con los pobres, el priscilianismo como hecho destacado en el terreno social condenaba la institución de la esclavitud y concedía una gran libertad e importancia a la mujer, abriendo las puertas de los templos a las féminas como participantes activas. Así la primera de la que se conservan textos escritos en latín es Egeria, monja galaica priscilianista que vivió en torno al 381.

 

El priscilianismo recomendó la abstinencia de alcohol y el celibato, como un capítulo más del ascetismo, pero no prohibió el matrimonio de monjes ni clérigos, utilizó el baile como parte de la liturgia y se negó a condenar algunos apócrifos y seudoepigráficos prohibidos como el Libro de Henoc, que interpretaba en forma alegórica.

 

Los adversarios han adjudicado a Prisciliano todo tipo de opiniones heréticas. Aseguran, que negaba el dogma de la Trinidad y defendía una concepción unitaria. Dicen que afirmaba que los ángeles y las almas humanas eran, en esencia, de la misma sustancia que Dios. Afirman además, falsamente, que negaba la encarnación del Verbo, atribuyendo a Jesús un cuerpo solo aparente, pero Prisciliano jamás defendió tal doctrina.

 

Historia de la ascensión y condena del priscilianismo

 

Prisciliano, nacido hacia el año 349 en Iria Flavia, en el mismo corazón de Galicia. Por aquel entonces un mítico lugar de ancestrales cultos celtas, enclavada en un altozano que pareciera un gigantesco menhir, se decía que era lugar de peregrinación de los druidas del continente, última etapa de su iniciación antes de llegar a los confines del Finisterrae.

 

Prisciliano fundó en Burdeos, junto con Elpidio una comunidad de pensadores, vestían túnicas blancas y se dedicaban, entre otras muchas labores, a la recolección de piedras sagradas (abraxas) en antiguas cuevas prehistóricas de Aquitania. Amantes de la noche, trabajaban a la luz de la luna para incrementar la luminaria del fuego, tal como hacían los antiguos celtas que adoraban el plenilunio.

 

Expulsados de Aquitania por acusaciones de brujería, Prisciliano condujo a sus seguidores a la céltica Galicia, la cuna del paganismo, pero ni en su mágica tierra se vio libre de sus enemigos y fue acusado junto a Prócula de escándalo amoroso. Muchos historiadores sostiene que Prócula fue la inspiradora de la elección de la concha de vieira como símbolo del peregrinaje jacobeo.

 

Prisciliano comenzó a difundir su doctrina en torno al año 375, que de forma inmediata arraiga en la población y la iglesia galaicas, conformando la primera estructura jerárquica segregada de Roma en la Gallaecia. Desde ella el priscilianismo se extiende a la Lusitania y la Bética.

 

El gran número de seglares y eclesiásticos que se sumaban al priscilianismo en toda la Hispania levantó los recelos de los prelados más ortodoxos y por ello Aydignio, Obispo de Córdoba acudió a Ithacio, prelado de Mérida. Este convocó un concilio en Zaragoza en 380 en el que acusó a los priscilianistas de gnosticismo, maniqueísmo y otras prácticas heréticas (del mismo modo que a los fili, druidas cristianizados de Irlanda y Gales: brujería, exhibicionismo, ritos orgiásticos entre otros).

 

En este concilio fueron excomulgados, además de Prisciliano, los obispos Salviano e Instancio, hecho que se vería agravado por el rescripto dictado por el emperador Graciano que desterraba extra, omnes terras a los heterodoxos de la Hispania.

 

Sin embargo estas medidas represivas solo lograron aumentar los apoyos y el número de seguidores de Prisciliano. Así, en el año 382 es elevado Obispo de Ávila y decide partir hacia Roma para contrarrestar la ofensiva de Ithacio. Allí —tras serle negada audiencia por el Papa Dámaso I— se dirigió al emperador y consiguió la derogación del rescripto imperial. A su retorno los priscilianistas recuperaron sus iglesias e Ithacio resultó desterrado.

 

La influencia de Prisciliano se extendía por Hispania y Aquitania cuando el emperador Graciano resultó destronado por el hispano Magno Máximo. Éste, a instancias de Ithacio, reinició el proceso contra los priscilianistas. Se convocó a un concilio en Burdigalia -Burdeos donde se depuso a Instancio, por lo que Prisciliano apeló al emperador.

 

Finalizado el proceso se inició otro en Tréveris (Alemania) donde, tras una serie de sobornos y traiciones de los prelados hispanos, Prisciliano fue condenado por maleficium y decapitado en 385 junto a sus principales seguidores, siendo los demás desterrados y despojados de sus posesiones. Instancio fue desterrado. A Tiberiano y a otros priscilianistas se les confiscaron los bienes.

 

La condena y ejecución de los priscilianistas suscitaron un notable impacto en la época. Hasta Ambrosio de Milán codenó la ejecución, a pesar de discrepar de las tesis priscilianistas y comparó el juicio con el traslado de la acusación de Jesús a Pilatos por los sacerdotes.

 

El panegirista Pacato Depranio señala que a las mujeres se las condenó por piedad excesiva; a los obispos delatores les llama bandidos, verdugos, calumniadores y puntualiza que se arruinó a los acusados despojándoles de su patrimonio, repitiéndolo dos veces, originando las protestas del propio obispo de Roma, Siricio, o Martín Turonense, quien se dirigió a la corte logrando la revocación del prescripto.

 

Lejos de acabar con el priscilianismo, estos hechos lo consolidaron hasta el punto que Ithacio resultó excomulgado y debió renunciar a la mitra, al igual que otros antipriscilianistas como Rufo.

Para evitar nuevas persecuciones los priscilianistas se constituyeron en una sociedad secreta y continuaron ejerciendo el poder logrando nombrar obispos. Esta situación crearía un cisma que sumiría a la Iglesia en una gran confusión, obligando a intervenir al Papa Inocencio I, que sancionó la Regula fidei contra omnes hereses, maxime contra Priscillianistas en el año 404.

 

Con Prisciliano muere su historia y nace su mito. Cuatro años más tarde un grupo de seguidores gallegos llega a la ciudad alemana de Tréveris a reclamar el cuerpo de Prisciliano y sus discípulos para transportarlos a su hermética tierra de druidas y darle cristiana sepultura. Con él muere la leyenda herética y nace la secreta historia de Prisciliano y sus discípulos.

 

El cuerpo es llevado a hombros a lo largo de la Galia y la Hispania, recorriendo "casualmente" un itinerario que con el paso de los siglos se convertirá en la ruta jacobea, el hoy popular Camino de Santiago. Prisciliano fue inhumado en su tierra natal, Iria Flavia. Muy posiblemente sus restos mortales pasarían siglos después a la cripta de la catedral de Compostela bajo el velo protector de la leyenda de Santiago Apóstol.

 

Casi nada se puede afirmar del silente trabajo de sus seguidores, si fueron ellos quienes trazaron la ruta jacobea o esta ya era un itinerario druida anterior, si los restos que hoy se atribuyen a Santiago Apóstol son lo de Prisciliano, si los Cátaros, Masarríes o los Templarios que surgieron años después eran seguidores de este gnóstico. Sea como fuere, Prisciliano creó una Escuela Gnóstica de gran influencia en los años posteriores, escuela que proclamaba la liberación a través del conocimiento, en contraposición a la salvación a través de la fe.