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Origen del catarismo

 

 

Al catarismo se le emparienta con varias escuelas antiguas. Principalmente,  con el maniqueísmo y con el gnosticismo. 

 

De los maniqueos nos dice Krum-heller: "El maniqueísmo, aquellos gnósticos del segundo siglo, al cual perteneció como sacerdote San Agustín, aunque la Iglesia dice que sólo aparentemente".

 

En el siglo VII, en medio de un catolicismo que se iba imponiendo, el maniqueísmo estaba presente en la futura región cátara, en Narbonne, en Cataluña, etc. Lo cual, los católicos consideraron como una herejía que debía ser exterminada por la fuerza.

 

La presencia de las llamadas "herejías" siempre han acompañado a la Iglesia Católica. Porque allí donde hay dogma, hay herejía, es decir, contestaciones, discusiones doctrinarias, levantamientos que no aceptan el despotismo de Roma, aún a riesgo de terminar en la hoguera. Así en el s. X, en Cambrai, fue quemado un hombre sólo porque protestó contra la evidente simonía y fornicación de los clérigos.

 

En el siglo XI se produjo un resurgimiento del antiguo maniqueísmo y varios maniqueos perecieron en la hoguera cerca de Turín en 1030; otros, como el sacerdote Pierre de Bruys, buen orador, de vida intachable, que impresionaba a las multitudes predicando la doctrina maniquea no tardó en ser alimento de las llamas en Saint-Gilles, ante el asombro y la conmoción del pueblo que lo estimaba.

 

A pesar de todo esto, en el Languedoc, se esparce todo un movimiento "herético" que recoge antiguas tradiciones y es contestatario a las circunstancias de su momento. Estos herejes tienen en común un fondo maniqueo, una raíz dualista en su visión cosmológica. Aunque ellos mismos se definen, simplemente, como verdaderos cristianos.

 

Pero la Iglesia Romana "triunfante” persigue ferozmente toda diferencia y competencia porque, obviamente, ambiciona una soberanía temporal a la vez que espiritual. Las grandes órdenes católicas son "señoriales", los obispos son los dueños y señores, y junto con los abades conforman una nueva aristocracia, perciben diezmos y poseen importantes dominios. Es frecuente la vida licenciosa en todo el clero.

 

Con todo este desorden, son muchos los que ponían en tela de juicio, no solamente a los representantes de la Iglesia sino, a la Iglesia Católica, afirmando que ella había traicionado el cristianismo primitivo.

 

Y en este ambiente, llegó el ejemplo de austeridad de la Iglesia Cátara en contraste con el lujo y la vida corrupta y relajada de los clérigos romanos. Los cátaros predican una vuelta al cristianismo primitivo original. Su modo de vida se basa en la observación pura de los preceptos del Cristo y, particularmente, en su Sermón de la Montaña. Su principal libro sagrado es el Evangelio de Juan. Se dicen seguidores de Pablo de Tarso, su oración es el "Pater", el Padre Nuestro, y aman profundamente a Cristo.

 

Su doctrina se presenta como un evangelismo renovado, y recuerda a la de los maniqueos y a la de los gnósticos cristianos.

 

De su relación con el gnosticismo dan testimonio los más relevantes estudiosos del tema: "Uno de los continuadores de los gnósticos primitivos fueron los albigenses" (Krum-heller). "Muchos gnósticos fueron quemados vivos, tenemos a los albigenses, fueron asesinados también en la hoguera" (V. M. Samael)."Los albigenses, descendientes de los gnósticos..." (H. P. Blavatsky)

 

Los cátaros decían: "La verdadera religión no es la teología, es conocimiento, sabiduría y vida",  frase propia de los gnósticos. El catarismo es una forma del gnosticismo porque explica que las almas se liberan gracias a un conocimiento total, del bien y del mal. Además el catarismo desarrolló una profunda enseñanza esotérica-gnóstica frente a la doctrina literal y dogmática del catolicismo, sus continuas explicaciones del “Padre Nuestro” son un ejemplo de ello.

 

Por tanto cabe preguntarse: ¿Eran los cátaros maniqueos, gnósticos, paulicianos, o más bien cristianos juanistas? Los buenos hombres se hubiesen quedado sin duda muy sorprendidos de que se plantease tal problema respecto a ellos. Parécenos escuchar aún su respuesta: "Todas las iglesias que enseñan como verdad lo que no es más que una imagen están corrompidas, y todas estarían en el camino recto si, tras los cambiantes velos de las alegorías, supiesen descifrar el mensaje indivisible del espíritu".