Catarismo
Los Cátaros
El Mensaje Cátaro
Los cátaros y la Inquisición
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Organización

 

 

Entre los cátaros se distinguían los simpatizantes, los creyentes y los perfectos.

 

A los simpatizantes poco se les pedía, escuchar la predicación y practicar el "melhorier" (mejoramiento), gesto de respeto que consistía en arrodillarse al paso de un perfecto o buen hombre pidiéndole la bendición y la absolución.

 

Los creyentes debían de practicar la caridad, las buenas obras, la humildad, el perdón de las ofensas y la veracidad.

 

A los perfectos se les investía con el ritual del "consolament", que era la única diferencia iniciática que había entre creyentes y perfectos.

 

Pero vayamos despacio, descubriendo con imaginación la vida de estos insignes hombres, que aún hoy después de siete siglos de ausencia, siguen presentes en la región francesa del Lanquedoc.

 

 

Los Simpatizantes

 

 

Los simpatizantes escuchaban las predicaciones de los buenos hombres y los respetaban. Es más, veneraban la presencia del Espíritu Santo en el perfecto. Por esto, cuando un simpatizante cátaro encontraba a un perfecto, le saludaba de una manera muy particular: practicando "el melhorament", acto que era una petición para mejorar, es decir, para  progresar en el camino hacia el bien.

 

Era un acto en el que se arrodillaba o se inclinaba profundamente tres veces delante de ellos, y por dos veces pedía: "Buen cristiano (o buena dama), la bendición de Dios y la vuestra".  El perfecto le respondía: "Dios os bendiga". La tercera vez añadía:  "Señor (o buen cristiano o buena dama), rogad a Dios para que este pecador que yo soy, sea guiado hacia un buen final".  El perfecto contestaba: "Dios os bendiga, oramos a Dios para que os haga buen cristiano (o buena cristiana) y os conduzca a buen fin."

 

 

Los Creyentes

 

 

Eran los fieles, los hermanos, la masa de hombres y mujeres que "creían", los laicos de la Orden -constituida por los Buenos Hombres o Perfectos-.

 

La actitud de los creyentes durante la represión probó su fe y fidelidad a sus pastores. La ayuda aportada a los perfectos lo fue por todos o casi todos, sin preocupación por su vida o por sus bienes.

 

La religión cátara no era una religión fácil, pero era tolerante con los creyentes que eran débiles. Los creyentes poseían la fe pero no era la simple fe de carbonero. Era una fe encendida y vivida, fundada en el deseo de justicia, en la verdad y el deseo de saber más sobre lo divino. "Saber", aprehender el conocimiento y por éste, llegar a Dios, era su esperanza y su deseo.

 

Los creyentes observaban ya, viviendo en el mundo, una parte de las reglas impuestas a los perfectos (ayuno, oración, templanza).  Además realizaban un pacto o una convenenza por el cual la Iglesia Cátara se comprometía a darles  el "consolamentum".

 

Los creyentes, parte activa de la Iglesia Cátara, asistían a diversas ceremonias religiosas, donde escuchaban los sermones de sus pastores, y asistían a la fracción y bendición ritual del pan. Además debían meditar sobre las lecciones de los bons hommes, asistir a las oraciones recitadas en común y rezar individualmente.

 

En general, la moral y la virtud eran más elevadas entre los cátaros que entre los católicos, ya que practicaban, particularmente, una de las virtudes fundamentales del cristiano: la caridad entre ellos. Se consideraban como hermanos y se dedicaban una asistencia mutua, favoreciéndose hasta en los más pequeños detalles. Se cita el caso de una mujer que vendía grano y vertiendo una medida gratuita a un parroquiano, decía: "Toma, porque eres hermano", y como otro comprador remarcara con buena fe de católico: "Todos somos hermanos", ella respondía: "Nosotros nos comprendemos".

 

El ejemplo de los perfectos y la enseñanza paciente y continua de su Iglesia, alimentaba la inquietud de salvar sus almas para prepararles a una mejor vida y acortar así el número de existencias venideras antes de alcanzar la luz.