Catarismo
Los Cátaros
El Mensaje Cátaro
Los cátaros y la Inquisición
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Cruz del Languedoc 

 

El nombre de cátaro, viene del griego "katharos" (puro). También recibieron el nombre de albigenses, derivado de la ciudad francesa de Albi, una de las diócesis cátaras, pero esta denominación se debe más bien a que su raíz "alb" significa blanco.

 

La historia sabe de sus primeros movimientos en el sur de Francia por unos escritos del siglo XI entre obispos católicos, en los que se ponían mutuamente en guardia sobre ciertos grupos a los que denominaron cátaros. Más tarde, en la época de la Cruzada contra los cátaros, que arrasó la región del Languedoc, los cronistas los citan como los albigenses, o más generalmente, los herejes.

 

Hablando de sí mismos, los cátaros se llamaban sencillamente cristianos. Y el pueblo les llamó les bons hommes, los hombres buenos, porque veían que predicaban la caridad y la austeridad de Cristo con su mismo ejemplo.

 

A principios del siglo XI, por los polvorientos caminos del sur de Francia, aparecen estos extraños personajes. Caminan por parejas de ciudad en aldea, y de aldea en castillo a la manera de los trovadores y, como éstos, reciben techo y comida a cambio del encanto de su verbo. Llevan en lugar de la "vielle" (instrumento de cuerda de los trovadores), el báculo del peregrino. Visten hábito negro o azul oscuro con capuchón y de sus labios salen prédicas en lugar de canciones.

 

A estos personajes el Papa de Roma les describe: "Ciegos, perros mudos, simoníacos, que venden la justicia, absuelven al rico y condenan al pobre, no observan las leyes de la Iglesia, acumulan los beneficios, confían el sacerdocio a gentes indignas, tienen una bolsa en lugar de corazón y son la irrisión de los laicos".

 

Ahora bien, estos hombres son delgados, no poseen ni caballos ni mulas, van con la bolsa vacía, no tienen ojos para las mujeres y, cosa todavía más rara, trabajan con sus manos, si la ocasión se presenta, para ayudar a un tejedor a terminar su tarea o a un labrador a arar. "La fe sens obras morta és" (muerta es la fe sin las obras), solían decir.

 

Verdaderamente, si son religiosos, hace mucho tiempo que por aquellas tierras no se habían visto religiosos como ellos. Pronto el pueblo, con afectuosa familiaridad, les ha dado el nombre de les bons hommes (los buenos hombres). También se les llamará Perfectos.

 

Estos perfectos son los apóstoles de una doctrina, que, en menos de un siglo, va a conquistar todo el País de Oc (región del sur de Francia conocida con el nombre de Languedoc, literalmente "Lengua de Oc"). Los que abracen su fe serán llamados cátaros o albigenses.