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Vahumano le explicó a Zoroastro que era preciso combatir y derribar al Dios turanio, Arimán, propagador de la opresión, el vicio y el odio, para salvar a su pueblo. Luego le ordenó ascender hasta una gruta en lo alto de las montañas, rogando continuamente al Señor del Sol que se manifestara en él y le transmitiera su ley. 


El discípulo pasó diez años en aquel lugar, sin escuchar la voz de Ormuz (Ahura-Mazda), sin poder contemplarlo. Recordaba a Arduizur y se preguntaba sobre su destino y el de los arios. Por las noches le asaltaban los demonios de Arimán bajo formas de chacales, murciélagos o serpientes, y cada vez los ataques eran más terribles. Tras ellos aparecía una mujer, con mantos oscuros, semejante a Arduizur, y después volvía a desaparecer. Poco a poco la sombra fue aclarándose y se convirtió de negra a gris, y luego fue blanqueándose, traía flores y rayos y parecía expulsar a los demonios. 

 
Tras tres noches de gran sufrimiento y angustia, en que sintió su muerte y la de todos los seres, y abandonado de toda esperanza, escuchó una gran voz, como un trueno, y apareció ante él el Verbo Solar, Ormuz, Ahura-Mazda, en forma humana y rodeado de ángeles, diciéndole: 


"Soy Ahura-Mazda, el que te ha creado y elegido. ¡Escúchame, oh Zarathustra!, el mejor de los hombres; te hablaré día y noche, y te comunicaré la palabra de Vida". 


Desde entonces, Zoroastro escuchaba cada día la palabra de Ormuz, le revelaba la creación del universo y los grandes misterios cósmicos, y le enseñaba a combatir a los demonios de Arimán. Ormuz condena la violencia y la injusticia, pero califica el valor como la mayor virtud del hombre. 

 

Tras diez años en soledad, Zoroastro regresó con los suyos, quienes apenas le reconocieron. Convocó a todas las tribus arias vecinas, y los incitó a la guerra contra los turanios. Les anunció su Revelación, el Zend Avesta, la palabra de Ahura-Mazda, que se resumía en Purificación del cuerpo y el Espíritu por la plegaria y el culto al fuego; trabajo en la tierra, y la lucha contra Arimán y los turanios. 

 
Tras cuarenta años de combates, los arios derrotaron por fin a sus adversarios, bajo el mando de Zoroastro, proclamando éste un rey, e instaurando el culto a Ormuz. 



Tras ello, regresó a su retiro en las montañas, para que Ahura-Mazda le comunicara el porvenir de su raza. Allí volvió a contemplar a su Señor en su máximo esplendor, que le mostró el futuro del pueblo persa. Luego le ordenó ascender a la cumbre de la montaña. Allí se encontró con una mujer luminosa, Arduizur, quien tras morir a manos de los turanios, renacía convertida en el Alma Divina de Zoroastro, para fundirse en él y adentrarse ambos en el Espíritu Inmortal de Ahura Mazda. 


La época del último Zoroastro, según la tradición parsi, se coloca entre el 660 y 583 a. C., cuando se redactó el Zend-Avesta en la forma en que es conocido actualmente. En la vida de este Maestro, observamos también sucesos maravillosos, y cierto paralelismo con la de Budha. 


A los 20 años abandonó la casa de sus padres, en busca de la sabiduría. Permaneció siete años en el interior de una cueva, en silencio y tinieblas, hasta que los ángeles le revelaron Aura Mazda, iniciando más tarde una peregrinación, y predicando la perfección por los pensamientos, palabra y obra, juzgándose las acciones tras la muerte. 


Tras la llegada del Cristianismo y el Islam, la religión del fuego fue perdiendo relevancia, aunque influiría fusionada con el Maniqueísmo, secta rival del Cristianismo, fundada por Mani. 


Actualmente, todavía perduran seguidores de Zoroastro y su doctrina, los parsis, que continúan en algunas zonas de la India con las antiguas tradiciones de los Maestros del Asia Central.