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No obstante, si Jeremías había escondido el Arca ¿por qué no se recuperaron cuando los persas derrotaron a los babilonios y el Templo se reconstruyó al cabo de unos setenta años?

 

El Antiguo Testamento asegura que todos los objetos sagrados fueron devueltos por los persas y se guardaron de nuevo en el Templo de Jerusalén (Esd. 1, 7-11). Entonces, ¿por qué no se guardaron el Arca y otros objetos que faltaban?

 

Jeremías no sólo sobrevivió, sino que logró librarse de la esclavitud. Aunque al principio se le arrestó, se le dejó luego en libertad, porque colaboró con el enemigo al instar a su pueblo de evitar una masacre mediante la rendición. Se quedó en Judá durante algunos años antes de trasladarse a Egipto, donde vivió hasta su muerte, hacia 562 AEC.

 

Una posible razón de que no se recuperaran los objetos sagrados, que es posible quél hubiera ocultado, puede ser que muriera antes de la retirada de los babilonios y tal vez en la época en que se reconstruyó el Templo no quedara vivo nadie que conociera su paradero.

 

En el libro segundo de Macabeos 2, 4-8 se relata cómo, antes de la toma de Jerusalén por parte de los babilonios, Jeremías se marchó de la ciudad con las tres reliquias que faltan en la lista del Antiguo Testamento: el tabernáculo, el altar mayor y el Arca de la Alianza. Al parecer, Dios dio órdenes a Jeremías: “El profeta, después de una revelación, mandó llevar consigo la Tienda y el Arca.” Lo que resulta aún más emocionante es que el pasaje explica realmente lo que Jeremías hizo con ellos:

 

“Salió hacia el monte donde Moisés había subido para contemplar la heredad de Dios. Y cuando llegó Jeremías, encontró una estancia en forma de cueva; allí metió la Tienda, el Arca y el altar de incienso, y tapó la entrada.”

 

Allí, al parecer, se quedó el Arca:

 

“Volvieron algunos de sus acompañantes para marcar el camino, pero no pudieron encontrarlo. En cuanto Jeremías lo supo, les reprendió diciéndoles: Este lugar quedará desconocido hasta que Dios vuelva a reunir a su pueblo y le sea propicio.”

 

Evidentemente, Jeremías decidió que el Arca debía permanecer oculta en esa cueva de la montaña, y se aseguró de que nadie más conociera su escondite exacto. Al parecer, creía que era la voluntad divina que los hebreos ya no tuvieran en su poder esas reliquias sagradas, dado que habían pecado.

 

En el Antiguo Testamento hay tres relatos sobre la visión de Moisés de la Tierra Prometida, y éstos se encuentran, por separado, en los libros de Levítico, Números y Deuteronomio. Cada uno de ellos da un escenario distinto: los montes Nebo, Abarim y Sinaí. De hecho, en Deuteronomio 32, 49 se mencionan en realidad dos emplazamientos distintos a la vez, el monte Abarim y el monte Nebo:

 

“Sube a la montaña de los Abarim, al monte Nebo que está en el país de Moab, frente a Jericó.”

 

Según parece, el autor creía que ambas montañas eran la misma, si bien el monte Nebo es el actual Jebel en Neba, a dieciséis kilómetros al este del extremo septentrional del Mar Muerto, y el monte Abarim es el actual Jebel el Hamra, a unos treinta y tres kilómetros más al sur. El autor no sólo creyó equivocadamente que Abarim y Nebo eran la misma montaña, sino que también parecía creer que el lugar en cuestión estaba cerca de Jericó, aunque de hecho esta ciudad se encuentra a kilómetros de ambas montañas.

 

Los montes Nebo y Abarim se hallan, respectivamente, a treinta y cuarenta y ocho kilómetros de Jericó. Según parece, el autor no conocía en absoluto la zona. Fuera quién fuese, debió de escribir el texto años después de que sucediera el episodio y desde otro país.

 

Aunque el relato que ofrece el libro de los Números acerca del mismo episodio es menos confuso, dado que sólo cita el monte Abarim, cuando el autor resume el evento en el versículo final revela que también desconoce la topografía de la zona:

 

“Éstas son las órdenes y normas que dio Yahvé, por medio d Moisés, a los israelitas, en las estepas de Moab, cerca del Jordán, a la altura de Jericó.” (Núm. 36, 13)

 

En éste versículo, el autor sitúa por error Jericó en el territorio de Moab. Moab era un reino extranjero al este del río Jordán, mientras que Jericó se halla a veinticuatro kilómetros al oeste del río, en el interior del antiguo Canaán.

 

El episodio también recoge del mismo modo en el libro del Levítico, que también lo resume en su último versículo. En este caso, el escenario es el monte Sinaí:

 

“Éstos son los mandamientos que Yahvé encomendó a Moisés para los hijos de Israel en el monte Sinaí.” (Lev. 27,34)

 

Por tanto, el monte Sinaí era, de hecho, el lugar más lógico en el que Jeremías o cualquier judío de la época, habría ocultado el Arca.