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Uno de los más extraordinarios y enigmáticos objetos en toda la historia de la humanidad se trata, sin duda, del Arca de la Alianza.

 

Fue construida por mandato de Dios al profeta israelita Moisés. Poco se sabe de su utilidad, dado que la Biblia nos dice que, tanto servía para ser morada de Dios, como de arma destructiva. Irradiaba fuego divino, podía derrumbar las murallas de las ciudades o aniquilar ejércitos enteros, no obstante, podía invocar a los ángeles e incluso manifestar la presencia del mismo Dios.

 

La Biblia nos describe detalladamente que se trata de un arcón ornamentado, de alrededor de un metro de largo por setenta y cinco centímetros de ancho y de alto, hecho de madera de acacia y revestido de oro. La parte superior estaba rodeada por un marco dorado labrado y en las esquinas del Arca había dos anillas por las que se metían unas varas para facilitar su transporte. En la tapa, dos querubines (o ángeles) dorados y con las alas extendidas se miraban de frente uno al otro. La parte más sagrada del Arca era lo que las traducciones denominan “el propiciatorio”. No se nos dice qué era exactamente eso, sino únicamente que estaba en la tapa del Arca, entre las alas de los ángeles.

 

Durante el exilio de los israelitas en el desierto del Sinaí, que duró cuarenta años, el Éxodo describe que se construyó el Arca cuando Moisés les reveló la ley divina y fundó la religión hebrea, pero su función no se revela hasta los tres siguientes libros, Levítico, Números y Deuteronomio.

 

Solo los Levitas podían tener acceso a ella. El Levítico relata que Dios se aparecía en una nube encima del Arca y en el libro de los Números cuenta que Dios hablaba desde allí, y que la nube del Señor flotaba sobre el Arca para proteger a los israelitas mientras la transportaban por el desierto.

 

Antes de poder formarse una opinión sobre la disyuntiva de si el Arca era un objeto histórico real o una leyenda imaginaria hay que responder a dos preguntas cruciales. En primer lugar, ¿había existido en realidad Moisés, el hombre que se dice que inspiró su fabricación? En segundo lugar, ¿existía realmente la religión hebrea, para la que supuestamente era la reliquia más sagrada, en la época en que se sitúa el Éxodo? Si la respuesta a esas preguntas, sobre todo a la segunda, era negativa, sería muy improbable que el Arca fuera real. No habría ningún sentido. Sería como si el Vaticano existiera sin Jesús.

 

Según la Biblia, Moisés fue el primer profeta que reveló las leyes sagradas de Dios para la religión hebrea mientras los israelitas vagaban por el desierto durante los cuarenta años posteriores a la huida de su cautiverio en Egipto. En efecto, fue el fundador de lo que ha llegado a ser el judaísmo. Sin embargo, la mayoría de los arqueólogos e historiadores consideran que Moisés es el fundador mítico de una religión que se desarrolló con el tiempo. No sólo dudan de que Moisés sea un personaje histórico, sino que ponen seriamente en tela de juicio que la religión israelita organizada pudiera haberse iniciado tan pronto en algún lugar cercano.

 

La última vez que se menciona el Arca en el Antiguo Testamento es en el libro de Jeremías y se refiere al período justo antes de que los babilonios saquearan el Templo, en 597 antes JC. Hay que tener en cuenta que las palabras pretenden ser las de Jeremías, el principal profeta judío de la época.

 

El pasaje reza así:

 

“Y luego, cuando seáis muchos y fructifiquéis en la tierra, en aquellos días no se hablará más del Arca de la Alianza de Yahvé, no vendrá en mientes, no se acordarán ni se ocuparán de ella, ni será reconstruida jamás.” (Jer. 3,16)

 

Muchos estudiosos de la Biblia deducen, a partir de ese versículo, que el profeta advierte a los judíos que el Arca les será arrebatada si no cambian de actitud.

 

La conclusión más lógica era que el Arca se había sacado del Templo en algún momento, entre los años 622 y 597 AEC, pero ¿quién se la había llevado y por qué?

 

Según el Antiguo Testamento, Jeremías era el principal profeta judío en el momento que se produjo la invasión de los babilonios. Había asumido su cargo hacía treinta años, durante el reinado de Josías, y, al parecer, propició una serie de importantes reformas religiosas. Desde ese momento hasta la conquista fue la figura religiosa más relevante de Judá. En esa época, Judá disfrutaba de un período de fortuna y prosperidad como no se había conocido ni por asomo desde hacía generaciones. Sin embargo, previendo el peligro, Jeremías advertía continuamente a los judíos que s prepararan para enfrentarse a los babilonios, cuyo imperio, en el norte, se expandía cada año. No obstante, pocos hicieron caso a sus advertencias.

 

En 605 AEC, las predicciones empezaron a hacerse realidad con la invasión babilónica en el norte de Judea y en 597 AEC se produjo una revuelta en el ejército babilónico y, en contra de lo aconsejado por Jeremías, los judíos aprovecharon la oportunidad para intentar expulsar a los invasores del norte de Judá. La breve campaña fue catastrófica y cuando el ejército judío cayó derrotado, el rey babilonio Nabucodonosor tomó Jerusalén y saqueó el Templo. Así pues, parece que Jeremías no sólo era el indicado para haber escondido el Arca, sino que sus avisos repetidos acerca de la amenaza babilónica demuestran que podía haber tenido la previsión de hacerlo.