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Entre la historia y la leyenda Pero, ¿es en realidad una asociación secreta? ¿Su fraternidad es exclusiva? ¿Cuál es la ideología o el credo masónico? Y sobre todo, ¿cuál su verdadero impacto en nuestra historia? ¿Hasta dónde llega el mito, y dónde empieza la realidad?
Se ha insistido en la importancia de la masonería en el siglo XVIII español, cuando de hecho apenas existió al estar severamente prohibida y perseguida, desde 1738, por la Iglesia católica, a través del Tribunal de la Inquisición, y por los reyes de la época, en especial por Fernando VI y su hermano Carlos III cuya obsesión antimasónica tan sólo se puede comparar a la que en el siglo XIX tuvo Fernando VII, o en el siglo XX el general Franco.
Se habla del influjo masónico-liberal en la elaboración de la Constitución de 1812, y se silencia que las cortes de Cádiz, por medio del Consejo de Regencia, prohibieron la masonería en 1812.
Se confunden logias masónicas con logias patrióticas, o si se prefiere se identifican las sociedades patrióticas con las sociedades secretas, y a éstas, sin más, con la masonería.
Se dan listas interminables de ilustres políticos, militares, intelectuales y artistas masones que nada tuvieron que ver con la masonería, como Floridablanca, el conde de Aranda, Jovellanos, Urquijo, Daoiz y Velarde, Palafox, Espoz y Mina, Castaños, Porlier, Torrijos, el Empecinado, Mendizábal... y tantos otros y sin embargo se silencian otros personajes ilustres que sí fueron masones como Santiago Ramón y Cajal, Tomás Bretón de los Herreros, Juan Gris, Arturo Soria, Juan de la Cierva, etc.
También se insiste en la importancia de la masonería en la preparación de la revolución de 1868 y en el advenimiento tanto de la primera, como de la segunda República, cuando lo correcto sería preguntarse si más bien no fue la masonería la que se benefició de esas situaciones políticas que implantaron una libertad antes inexistente.
Se identifica la masonería con el comunismo, cuando hoy día en los únicos lugares donde está prohibida la masonería -junto al Irán del Ayatolá Jomeini- son los países comunistas, según decisión adoptada ya en 1921 en el tercer Congreso de la Tercera Internacional.
Frente a una asociación iniciática, filantrópico-cultural, conocida y respetada en no pocas naciones, como Inglaterra, EE.UU., Holanda, Alemania, Suecia, Austria, Brasil, etc., donde se conocen sus miembros y sus obras, en otros países más típicamente latinos, como el nuestro, la sola palabra masonería es casi sinónimo de mal o un insulto. Viene a ser una materialización de los poderes de las tinieblas, algo demoníaco e infernal. En el mejor de los casos se piensa en un arribismo sin escrúpulos y sin freno.
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