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Moisés
Cuatrocientos años bíblicos después de Abraham, uno de sus descendientes, llamado Moisés, surgió, llamado por Yahvé y emancipó a los hebreos de su esclavitud en Egipto. Moisés se convirtió así en el gran patriarca que no solo liberó al pueblo sometido sino que lo guió por el desierto, primero hasta el Sinaí, donde dio forma a la doctrina judaica y luego hasta la Tierra Prometida.
Moisés fortaleció la creencia en Un Dios concretando la Alianza de Yahvé con su pueblo en el Monte Sinaí: el Decálogo o Código de la Alianza es la parte más esencial de la doctrina judaica. (Ex .19-20; Dt. 5)
Una reivindicación monoteísta:
(Ex, 20 ó Dt. 5-6)
La base del judaísmo, pues, es una creencia, un artículo de fe, sobre la cual descansa toda la edificación ética y doctrinal de Israel. Es la Shemah (el Nombre): "Oye Israel, Yawé es nuestro Dios, ¡Yawé es uno!"
Pero a pesar de esto, el Dios del Sinaí se halla íntimamente relacionado con la existencia diaria del hombre sobre la tierra. Es cierto que se espera una "vida más allá de la muerte", pero su objetivo no es preparar al hombre para esta vida de ultratumba sino de guiar al hombre por los pasos de esta "vida del más acá". Su preocupación (su santidad) es cumplir los deberes morales que se derivan tanto de su relación con Dios como de su relación con sus semejantes en esta vida, aquí y ahora.
Es el cumplir la voluntad divina con todas las cosas creadas la que obsesiona al judío. Dicha "voluntad divina" está contenida en la Torá, palabra que significa al mismo tiempo doctrina y ley, y que se equipara en el sentido más estricto a los cinco libros del Pentateuco: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. En sentido más amplio Torá significa para el judaísmo "Nabiim" o sea los Libros de los Profetas y "Ketubim" o sea los Libros sapienciales, es decir la casi totalidad del Antiguo Testamento o Sagrada Escritura.
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