Montserrat Robreño
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Una carta de 1250, referente a un establecimiento de la Orden, firmada entre otros por "fratris Guillelmi capellanus domus templi de Barchinona", nos hace suponer que siempre fue atendida por un sacerdote de la Orden, si bien diversas circunstancias apuntan que su función no fue meramente de uso privado si no inmersa en un contexto parroquial relevante. Frecuentemente la Orden, y previo acuerdo obispal, efectuaba obras pastorales, en especial en zonas de Barcelona cuya población aumentaba rápidamente. Se creaban nuevos barrios extramuros y conventos en zonas limítrofes al casco urbano. Prueba de ello es el documento autorizando la construcción de la capilla y cementerio donde se inscribe este aspecto parroquial, indicando qué ciudadanos tendrían derecho de sepultura y cómo se repartirían los bienes del finado entre la Orden y el Obispado.

 

Una vez la Orden del Temple fue desposeída de sus propiedades, la encomienda de Barcelona pasó a manos de la Orden Hospitalaria temporalmente, ya que en 1328 cedió sus derechos al obispado de Vic. Cabe notar sin embargo, que el resto de la encomienda de Palau-solità continuó bajo administración real. Hacia el último tercio del siglo XIV, la reina Leonor, esposa de Pere IV d'Aragó, empezó la construcción de su propio palacio en terrenos de la antigua encomienda barcelonesa, forzando al obispado de Vic a ceder también la iglesia (1370), que pasó a ser la capilla del Palau Menor o Palau de la Reina. De ahí que en el siglo XIV hubiera dos palacios reales en Barcelona, el "oficial" y este otro, auténtica residencia del monarca y su familia, tan espléndido que, llegó inclusive a tener zoológico propio. Como curiosidad diremos que la actual calle Ataülf era anteriormente conocida como "Devallada dels lleons", es decir Bajada de los Leones, animales con los que también contó el mismo. Así se conservó durante siglos lo que había pertenecido a la Orden Templaria hasta que, tal y como hemos comentado, a finales del s. XIX, la demolición total del barrio arrasó estos últimos vestigios.

 

Fue durante este periodo de nueva urbanización de la zona, cuando mas profundamente se remodeló la capilla, tapiando la puerta principal sita en el lado del evangelio, y que daba al patio de la encomienda. Las ménsulas y la arquivolta románica se reutilizaron en la apertura de la actual puerta, casi el único testigo de la época. Se abrieron, en el muro de levante, dos de los tres ventanales que hoy se distinguen, encontrándose el original en el punto mas cercano a la actual puerta. La remodelación del ábside cegó las puertas que llevaban a la sacristía convirtiéndola en la estructura semi hexagonal que hoy se aprecia.

 

Sobre 1920, se edificó una planta encima de la capilla, eliminándose un cimborrio construido en el siglo XVI por la familia Requesens, que actualmente es utilizada como biblioteca de la comunidad Jesuita que la custodia.

 

Las recientes obras de acondicionamiento (julio-agosto 2001) están recuperando tanto el interior como la fachada de la iglesia adecentando la estructura pétrea y retirando pintadas y otros actos vandálicos.

 

Incluimos una descripción del Palau Menor, que hizo un guía turístico antes de que fuese demolido en conjunto, recopilada por Carreras Candi en el apartado "Ciutat de Barcelona" de la "Geografía General de Catalunya":

 

DESCRIPCIÓN DEL PALAU MENOR DE BARCELONA (OCTUBRE 1847)

 

 

Encomienda de Barcelona

 

«Un vasto patio con una capilla á un lado y altas paredes antiguas llenas de adaptaciones modernas, con las ruinas de carcomidas habitaciones en otro, es lo único que ahora ve el viajero (1847) al pararse en el centro del espacioso Palau. Observe, sin embargo, que son tres las puertas que conducen al edificio: aquella por donde ha entrado, otra en el extremo opuesto y otra en el centro de la pared fronteriza del derruido edificio».

 

Al salir por el camino opuesto, junto a la fuente, es ya mayor el gozo que se siente y más grata la ilusión que acude, en vista de los objetos que se presentan, tras de la aplastada bóveda que sirve de camino.

 

Una ligera bajada conduce por éste hasta la calle de Escudillares, y a derecha e izquierda vense elevados terraplenes formando un espacioso y ameno jardín qué rodea del todo el edificio. A la derecha de la bajada y sirviendo casi de pared á la misma bóveda, descúbrese el primer cuerpo de un antiguo torreón, y á la izquierda al fondo del jardín y arrimado á la casa, vense asimismo restos de otro, y, sobre de él, que es lo que más admira, cimentada otra altísima y delgada torre redonda, de escasísimo circuito, pero de sólida construcción y de delicada y sencilla forma, elevándose a una altura mucho mayor que la de las casas inmediatas.

 

Los primeros torreones no puede dudarse que son romanos y que pertenecen al primitivo círculo de fortificación y formando línea con las torres del Regomir. La otra torre elevada, por su forma y por el lugar en que esté colocada, a saber, en la misma línea de fortificación y en una de los puntos en que mejor se descubre la marca se haría creer que fuese obra de los árabes, pues también éstos trabajaron su parte en ciertas variaciones que hicieran, en los derruidos muros que hallaron al posesionarse de Barcelona. Sea, pues, minarete o no la tal torre, lo cierto es que por su forma parece tal, aunque no por el remate, arreglado, como es de creer, en siglos posteriores y acaso muy modernas y ascendido quizá á mayor altura aún, con el objeto de habilitarlo para miranda.

 

Desde la tercera puerta ó principal, que es de una elevada extensión, mirando al patio, descubrense al frente y detrás de la moderna galería que pasa desde la escalera a la capilla,unos arcos sueltos sin techo, y á un lado, enlazándose con los mismos, un elevado cuerpo formado por cuatro paredes de piedra, terminando en su parte superior por unos pequeños arcos construídos muchos siglos después que el resto de la obra y acaso sólo por previsión; viéndose en algunos de sus extremos varias ventanas redondas ó más bien óvalos que forman cada uno un rosetón calado, y en el centro dos pequeñas puertas góticas que se conoce servían de paso á otras habitaciones que han desaparecido».

 

(A. de Rofarull: Guia-cicerone de Barcelona (Octubre 1847), p . 38). Ramón N. Comas: Recorts del palau, en la Revista de Catalunya, 1890, a. I, pls. 20, 105 y 181.

 

 

Barcelona, Junio - Agosto de 2001

Montse Robrenyo y Jordi Castañé i Mestres

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

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