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Los que estamos convencidos de la existencia de un Temple Oculto (para muchos Priorato de Sión), de sus proyecciones hacia el logro de una sinarquía internacional basada en la fe y porqué no también en la espada, que uniría a las tres religiones monoteístas para mejor recibir el Adviento del Salvador, los que creemos que hubo un Temple esotérico-iniciático y otro exotérico para cubrir las formas, no podemos vislumbrar siquiera la posibilidad de que los templarios llegaron a estas costas y penetraron en nuestras tierras con el solo afán de tomar riquezas y esfumarse. Es probable que hayan aportado parte del presunto botín americano a Europa y mediante el mismo, cobraran forma cantidad de puentes, castillos y catedrales, pero de ninguna manera fue ese su único fin, como tampoco lo fue el de Cristóbal Colon, (Caballero del Santo Sepulcro de acuerdo a las últimas investigaciones), buscador de una vía de acceso a Jerusalem en épocas violentas en que los turcos monopolizaban el mar Mediterráneo tras la caída de Constantinopla. Hoy se sabe de esto último afortunadamente, pese a la pátina ennegrecida que sobre el Navegante supo desparramar en su afán de endilgase honores, el rey Fernando “el Católico”.


Todos estos hombres, navegantes templarios aventurados y por qué no aventureros, extremistas y soñadores, también mesiánicos, sencillos e iluminados, tenían un objetivo muy claro que les impulsaba a surcar el Mar Tenebroso en busca de nuevas tierras donde implantar la concreción de sus ideales más prístinos, cual era el establecimiento de un regidor diferente a los de la Europa de su tiempo, de una sinarquía basada en la Jerusalén Celeste, de una monarquía divina capaz de moldear un futuro más venturoso para la Humanidad. Este Resurreccionismo tan aguardado, base indiscutible del cristianismo por otra parte, tenía necesidad de asentarse sobre una tierra nueva, a resguardo de la garra de la ambición europea.


De no ser así, si ellos hubiesen llegado a estas costas solamente buscando provecho material, yo me pregunto y les pregunto: ¿En qué se hubiesen diferenciado de las monarquías avariciosas de poder y de la curia mundana y desprejuiciada del Medioevo? Si como creo el dinero para el Temple tenía un propósito y las canonjías les eran odiosas, América para el Temple, del mismo modo que más tarde para Colón,  representaba una suerte de Tierra Prometida donde comenzar de cero en el terreno de la espiritualidad humana.

 

POSIBLES RUTAS MARITIMAS UTILIZADAS POR LOS TEMPLARIOS EN SUS DESPLAZAMIENTOS HACIA AMERICA DEL SUR

 

El Ingeniero F. Martí subraya que de acuerdo a sus investigaciones, los Templarios con seguridad partían desde La Rochelle y luego de una escala de aprovisionamiento de agua potable, etc, en Canarias, tomaban rumbo Sud pegados al litoral africano, donde cabe la posibilidad de que sumasen otra escala en las Islas de Cabo Verde.


Luego de ello, y alcanzados los 10º de latitud Norte, ponían rumbo Oeste con la finalidad de aproximarse a nuestras costas americanas, evitando de esta manera la famosa corriente del Golfo y el Mar de los Sargazos frente al Caribe.


Una vez situados frente a la actual Venezuela, establecían rumbo Sur aprovechando la corriente cálida del Brasil, la cual beneficiaba en su bajada a los antiguos navegantes, y costeaban entonces el litoral sudamericano hasta llegar a una latitud de 35º Sud, frente al estuario del Río de la Plata. Luego se continuaba navegando en proximidad a la costa, hasta penetrar en la Bahía Sin Fondo, actual Golfo de San Matías, donde de acuerdo al Ingeniero Martí se posicionó otrora el Puerto Templario sobre una ínsula costera que figura en varios mapas.


La ruta que presumiblemente siguieron los templarios, fue más tarde trazada por el mismo Colón y Piri Reis de acuerdo a información existente y a mapas por ellos trazados. También con posterioridad a ellos, Gaboto, Vespucio, Magallanes, Francis Drake y otros la emplearon para sus aventurados desplazamientos marítimos.


Algunos autores sostienen la factibilidad de una llegada por tierra de los templarios a América Latina, quizá partiendo desde el mismo Perú, cosa que Martí define como prácticamente imposible a causa de las penurias extremas de tal viaje. Tomemos el ejemplo de Juan de Garay que llegó desde Buenos Aires solamente hasta Tandil, sin descontar las tres expediciones de Hernandarias, quien afanosamente alcanzara el Río Negro a la altura de Choelle-Choel pero que se vio obligado de regresar a su punto de partida sin alcanzar jamás San Matías o la Bahía Sin Fondo como se la conocía por entonces, donde, presumiblemente, de acuerdo a los antiguos expedicionarios, se hallaba emplazada la portentosa Ciudad de los Césares.



Mary-Su Sarlat